Heriberto Leyva

Mi amiga y webmaster me lo ha pedido a diario y con buenas razones; dado que definimos una página de este sitio con mi nombre es imperativo proveer alguna clase de perfil . Para ser honestos con mis lectores me ha tomado un largo y azaroso tiempo tratar de escribir este perfil para mi blog. En definitiva, se trata de mi persona y de repente no he sabido como tratarla con justeza. He pensado que quizás lo mas común sería lo más apropiado en estos escenarios virtuales.Una descripción, alguna clase de escrito o relato, donde se enumere mi formación académica, mi actividad como activista de derechos humanos y si,como no, mi proyección ideológica y política.

Este relato resultó ser una tarea ingrata y dificil para mi.Es dificil hablar de uno mismo en términos justos y objetivos. Un amigo, me recordó que en ciertas ocasiones es posible mostrarse con el uso de una entrevista. Por suerte, yo poseía esta clase de entrevista. Una entrevista realizada por un hombre extraordinario a mi persona. Un hombre de gran mérito intelectual y enorme talla moral. Un hombre de talla no muy común en estos lares. Este hombre no sabía que su entrevista un día sería usada en mi blog como perfil. Hay entrevistas que vienen al mundo en un tiempo pero adquieren su significado definitivo y fundamental años después. Con todo el agradecimiento del mundo a este inusual periodista que me evitó escribir un frio recuento de lo que soy y pretendo ser.

Entrevista a Heriberto Leyva por Jorge Valls
Heriberto Leyva Rodríguez
Dirigente del “Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia
Nueva York, N.Y
23 de nov del 03.
Estamos ante Heriberto Leyva, treinta y siete años, nacido en Baracoa, prov. de Gtmo. ,
Cuba, dirigente fundador del “Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia”,
estudió Filosofía en la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba y en la Universidad
Estatal Mijail V. Lomonosov de Moscú de donde se graduó summa cum laude. Sufrió
hostigamiento, persecución y prisión en Cuba. Salió al exilio en 1998. Vive actualmente
en Jersey City, N.J. y trabaja como profesor de español en una escuela pública.
JV- ¿Cómo y cuándo apareció en Ud. una actitud crítica Kobe la situación de Cuba?
HL.- Estaba yo estudiando en la Unión Soviética mientras se desarrollaba todo el período
de la llamada Perestroika o Glasnost, que conmovió la sociedad rusa a todos los niveles.
Los jóvenes tenían un entusiasmo extremo, sobre todo en la facultad de filosofía, donde
yo estaba estudiando. En 1988 varios estudiantes cubanos y yo hicimos una ponencia
sobre el fenómeno del culto a la personalidad de Fidel Castro en Cuba, y la presentamos,
a modo de preocupación, en una reunión que tuvo el entonces embajador de Cuba en la
URSS, Camacho Aguilera, con el estudiantado cubano de la Lomonosov.
J.V. – ¿Cuál fue la reacción del embajador?
HL – Se desconcertó primero, se indignó y perdió los estribos. Empezó a vociferar que
todos nosotros estábamos allí gracias al gobierno de Fidel Castro, que lo que hacíamos
sólo beneficiaba al imperialismo estadounidense, que aquello era “revisionismo, que
padecíamos del síndrome de “intoxicación teórica de la realidad”, etc.. Negó
“rotundamente” el culto a la personalidad en Cuba. Arengó a los estudiantes a que nos
condenaran ferozmente. Dijo que admiraba y agradecía tanto a “su” comandante que
estaba dispuesto “a ponerle flores a sus pies”. Un profesor cubano, que allí estaba
haciendo el doctorado, se paró a apoyarnos. El embajador acabó gritando: “¡Jamás se
aplicará la perestroika en Cuba!” Y aquello acabó “como la fiesta del Guatao”.
JV.- ¿Qué pasó después?
HL.-Se buscaron a varios profesores cubanos que hacían su especialidad en “comunismo
científico”; se consiguieron hasta una sicóloga y a varios más. Eran como diez. Formaron
una comisión, y nos llamaron a rendir cuentas uno por uno. Nos interrogaron y dedicaron
buena parte del tiempo a “demostrarnos” cómo en Cuba no había culto a la personalidad
de Castro. Insistieron en que “Cuba no era Corea del Norte”. La Unión de Jóvenes
Comunistas, a la que pertenecíamos, también nos llamó a capítulo, y nos sancionó a
“limitación de derechos”. Nos llamaron “revisionistas” y veinte nombres más, y se nos
advirtió estábamos “acercándonos peligrosamente a las posiciones de la
contrarrevolución”. A partir de ese momento empezaron a mandar periódicamente a
agentes a predicar contra la perestoika y todo lo demás.
JV.- ¿Pudo terminar su carrera?
HL.- Por esa época se produjeron muchas manifestaciones de descontento por parte de
los estudiantes cubanos en distintos lugares de la URSS. Los cubanos en aquel momento
descubrimos la libertad, y comenzamos a chocar contra el bastión del totalitarismo
cubano representado por la embajada cubana. En Odesa se montó por los cubanos una
obra de teatro que denunciaba el “apartheid turístico” en Cuba, a cuyo estreno asistió el
cónsul cubano. Indignado mandó a parar la función y empezó gritar si no habían revisado
la obra antes de montarla. Los estudiantes vociferaban contra el gobierno de Cuba y sus
desmanes; el cónsul tuvo que prácticamente huir del lugar. En Moscú, en el Instituto de
relaciones Internacionales, César Mora se puso a discutir el discurso de Castro en que se
planteó la consigna de “¡Socialismo o muerte!”, y declaró que ese socialismo era
“socialismo y muerte”, y defendió un proyecto de reformas que acabó proclamando como
“socialismo para la vida”. A César lo sacaron de la universidad, y luego lo llevaron a
Cuba, donde tuvo problemas hasta con la familia. Hicimos una carta protestando por lo
que le habían hecho, y recogimos firmas. Poco después hubo cambio de embajador. El
entrante dijo que el colectivo de estudios decidiría mi suerte. El grupo me apoyó. Los
funcionarios del embajada comenzaron a acosarme y a llevarme periódicamente a la
oficina de una sicóloga para convencerme de que yo estaba loco. Yo apelé a las
autoridades rusas y hasta al recién reconocido grupo de D.H. Acabé la carrera con
diploma y felicitaciones. Los rusos me propusieron quedarme para hacer el doctorado. La
embajada se negó a permitírmelo y me mandó para Cuba inmediatamente.
JV.- ¿Cómo fue la cosa en Cuba?
HL.- Me acosaron. Me hostigaron. No me permitieron dar clases en la Universidad de la
Habana. Luego tampoco en la de Oriente, ni en el pedagógico de Guantánamo, y me
mandaron a cargar sacos en la fábrica de chocolate de Baracoa. Con todo el filo siniestro,
las autoridades insistían en que me olvidara de la Perestroika, de Gorbachov, de Rusia…
y, que si no quería tener problemas, me aconsejaban una sola cosa: no pensar.
JV.- ¿ Y Ud que hizo?
HL.-Cuando llegué a Baracoa, me encontré con mi viejo amigo y compañero Néstor
Rodríguez Lobaina. Decidimos fundar, con otros jóvenes, el Movimiento Cubano de
Jóvenes por la Democracia. Nos constituimos en Baracoa, y los mencionados, más
Radamés García de la Vega, desde La Habana, asumimos la dirección. Habíamos
redactado los fundamentos y el programa de la organización, con los que nos
comprometíamos. Para celebrarlo brindamos con agua con azúcar porque no teníamos
otra cosa.
JV.- Háblame de eso. ¿Cuáles eran los fundamentos doctrinales? ¿Qué se daban
como objetivos concretos? ¿Qué proponían en el programa?
HL.- Nos definíamos como no violentos, civilistas y pluralistas. El objetivo era dotar a la
juventud cubana con una conciencia crítica y contestataria frente a la situación existente y
fomentar una cultura cívica –de derecho– frente al régimen. Haríamos por que la
juventud cubana se incorporara a un proceso de transformaciones, sin violencia, a través
del diálogo y de la reconciliación nacional, que condujera a una legítima democracia. En
los puntos programáticos planteábamos: la autonomía universitaria, la abolición del
servicio militar obligatorio, la amnistía política, el respeto a los derechos proclamados en
la carta fundamental de los DH de la ONU, el reconocimiento del derecho de objeción
conciencia ante algunas prescripciones del gobierno, etc.. Abogábamos por los valores
éticos y espirituales de nuestra tradición patriótica, y pedíamos que acabara el bombardeo
de arengas y consignas que enajenaban a la juventud. Hay mucho más, pero esto da idea
de por donde íbamos.
JV.- ¿Cuál fue el destino de MCJD?
HL.- En agosto del 91, cuando los Juegos Panamericanos, Néstor Rodríguez Lobaina y
otros se lanzaron al terreno del estadio de Baracoa en un intento de manifestación con
carteles antigubernamentales. La disolvieron a golpes. A Néstor lo encarcelaron por
cuarenta y cinco días y lo torturaron física y mentalmente; a Félix Casdesuña, después de
patearlo brutalmente, le echaron cuatro años de prisión, acusado de “propaganda
enemiga”. Nos dedicamos a denunciar violaciones de DH en la región. En el 1992 nos
adscribimos a la Coalición Democrática Cubana. Con ellos hacíamos trabajo en común
por los DH; pero, por nuestra parte, impulsamos el “Centro de Estudios Alternativos”
para plantearnos los problemas, proponernos programas y reflexiones y desarrollar una
base teórica propia para nuestro pensamiento. En ese mismo l992 a Néstor lo condenaron
a cuatro años bajo supuestos cargos de peligrosidad. El acoso, hostigamiento y
marginación nos hacían la vida prácticamente imposible en Baracoa.
JV.- ¿Cómo empezó el problema específicamente tuyo?
HL.- En 1994 yo escribí un ensayo sobre el pensamiento filosófico en Baracoa y lo envié
al Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias. Fue seleccionado para participar en
Simposio Internacional de Pensamiento Filosófico Latinoamericano que se a celebraría
en la Universidad Central de Las Villas, auspiciado por la cátedra “Enrique José Varona”.
Cuando me presenté en la universidad, me encontré con el jefe del dpto. de marxismo del
Mterio. de Educación Superior que, asombrado, me espetó: “¡¿Qué tú haces aquí?! ¡¿Tú
no estás trabajando en la fábrica de chocolate de Baracoa?!” Yo le respondí: “Sí señor,
pero después de tantas horas cargando sacos, me dedico al pensamiento filosófico y la
redacción académica.” “Vamos a ver en qué onda filosófica andas,” me ripostó de mala
gana. El trabajo fue presentado. Tuvo una gran aceptación entre los participantes del
evento. Se me dijo que era un serio aporte a la historia de la filosofía cubana, y se me
invitó a participar en un curso de postgrado sobre el pensamiento filosófico
latinoamericano que se realizó en esa misma universidad. Tomé el curso. Se me expidió
el certificado y se me invitó a cursar allí mismo la maestría sobre el tema. Escogí la tesis
sobre el pensamiento de José Gaos, y eso interesó a las universidades de Oviedo y a la del
Estado de México. Pero no pude terminar porque la Seguridad del Estado, de Baracoa, se
comunicó con la U. de Las Villas para decir que yo era “un intelectual
contrarrevolucionario”. Cuando regresé a Baracoa, me habían botado del empleo.
Entonces comenzó una verdadera persecución. Interrogatorios, detenciones temporales,
asfixia económica, que provocaron que mi padre muriera literalmente de hambre. En
setiembre del 95 soltaron a Néstor, y los dos decidimos marcharnos a la Habana.
JV.- Háblame de cómo te fue en la capital.
HL.- En la Habana nos juntamos con Radamés García de la Vega, a quien acababan de
expulsar del Centro Nacional de Investigaciones Científicas, donde administraba la red de
ordenadores. Los tres sin trabajo, deambulábamos por la ciudad sin cómo sobrevivir ni
dónde parar, pero trabajábamos intensamente en recoger denuncias de violaciones de los
DH. y mandarlas al exterior. Radamés tenía contactos en la Universidad Politécnica de
La Habana (CUJAE) y nos fuimos a vivir clandestinamente en sus albergues. Por el día
salíamos a nuestras labores de D.H, y por la noche regresábamos con material impreso
que repartíamos discretamente entre los estudiantes. Matábamos el hambre como
podíamos, cuando nos filtrábamos en el comedor del albergue. A veces nos poníamos una
bata sanitaria y, pasando por médicos, comíamos en algún hospital. Seguridad del Estado
iba a casa de las amistades donde nos permitían bañarnos o descansar un poco, y las
amedrentaban tanto que con dolor de su alma nos pedían que no nos acercáramos más. A
nosotros nos prendieron miles de veces, nos insultaban y amenazaban, nos soltaban un
rato y nos volvían aprender. Nosotros, por nuestra parte, nos dábamos apasionadamente a
formar una conciencia cívica rebelde entre la juventud. Allí es donde surge la idea de
lanzarnos en un proyecto para reclamar y defender la autonomía universitaria.
JV.- ¿Y qué hicieron?
HL.- El 28 de enero de 1996, Néstor Rodríguez Lobaina, Radamés García de la Vega y
yo, Heriberto Leiva Rodríguez, redactamos y firmamos un proyecto integral de reformas
universitarias, dirigido a Fidel Castro y el Consejo de Estado, a la Dirección Nacional de
la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), al Ministro de Educación Superior,
Fernando Vecino Alegret, y al entonces Mtro. de Relaciones Exteriores, Roberto
Robaina, y lo entregamos en sus respectivas oficinas. También entregamos copias
dirigidas a los miembros del cuerpo diplomático acreditado y a los representantes de la
prensa nacional e internacional. Esto fue el proyecto “Universitarios sin Fronteras”, con
el que nos dimos a conocer a la opinión nacional y extranjera.
JV.- Dame a conocer un poco sobre ese proyecto de “Universitarios sin Fronteras”.
HL.- Hicimos un recuento histórico para demostrar que la posición nuestra era
consecuente con las luchas universitaria del los siglos XIX y XX. Trabajamos en una
fundamentación teórica sobre los principios de la tradición universitaria. Abogábamos
por la restitución de la autonomía universitaria, la libertad de cátedra -derecho decidir los
temas, programas y modos de exposición de las materias explicadas–, la libertad
académica -derecho a decidir por la propia universidad quiénes habrían de ser sus
profesores y autoridades académicas–, y la independencia de las universidades de la
tutela del partido comunista y de cualquier factor político partidista. Por último, hacíamos
propuestas concretas, como la rehabilitación y restitución inmediata a sus puestos de los
profesores y alumnos expulsados por motivos de conciencia o libre expresión de su
pensamiento, el desmantelamiento de las estructuras del partido comunista y
organizaciones partidistas asentadas en la universidad, la desmilitarización de la
universidad y eliminación de los programas de preparación militar que son requisito
indispensable para graduarse, la creación de una cátedra de derechos humanos y otra de
ética y religión de acuerdo con la libre opción del estudiante. Pedíamos poner fin a la
política de discriminación ideológica en cuanto al ingreso a la universidad, el derecho de
huelga y la inviolabilidad de las fronteras físicas del recinto universitario. Defendíamos el
derecho de la Iglesia y de otras organizaciones independientes a crear sus propios centros
de altos estudios universitarios y el que las cátedras fueran ganadas por riguroso concurso
y oposición, no por la filiación política de sus aspirantes. A la consigna del jefe de estado
de que “la universidad es para los revolucionarios” nosotros enfrentábamos la de “la
universidad es para todos los cubanos”.
JV.- ¿Qué consecuencias tuvo este planteamiento?
HL.- La respuesta del gobierno no se hizo esperar. Fuimos encarcelados primero en el
Dpto. Técnico de Investigaciones y luego en Seguridad del Estado (Villa Marista) por
cerca de cien días. Entre interrogatorios y zarandeos nos tuvieron hasta que nos iniciaron
causa por “propaganda enemiga, clandestinidad de impresos, asociación ilícita e
instigación a delinquir”. Luego se nos puso en la calle a esperar el juicio. Entonces nos
dedicamos con todo ahínco a recoger firmas a favor del proyecto. Quince días después,
cuando estábamos recogiendo firmas casi al pie de la escalinata de la universidad, se
acercaron los agentes de Seguridad del Estado. Como intentaran detenernos, nos echamos
a correr gritando: ¡Vivan los Derechos Humanos! ¡Viva la Autonomía universitaria! A
Radamés y a Néstor los agarraron y los molieron a palos; a mí también, pero no me
golpearon. Nos llevaron a la estación de policía más cercana. Allí nos tuvieron una
semana y nos llevaron a juicio al Tribunal Municipal de Plaza, acusados de
“desobediencia”. Néstor y Radamés fueron condenados a cinco años de destierro de la
capital y a prisión domiciliaria en sus respectivos municipios, Néstor en Baracoa y
Radamés en Palma Soriano. A mí me prohibieron ir a Oriente o tener contacto alguno con
mis compañeros, y me ordenaron permanecer en La Habana. Amnistía Internacional
denunció los hechos, e hizo una gran campaña sobre lo del “destierro”. Seis meses
después, se nos aplicó un “cambio de medida”. A Néstor y a Radamés los acusaron de
“desacato a la figura del Comandante” y los condenaron a dieciocho meses. Yo me fui de
la Habana a Palma Soriano, a la vista pública del juicio de apelación. En la sala del
tribunal, cuando se ratificó la sentencia, formamos una tremenda algarabía de protesta y
salimos a la calle dando vivas a Cuba libre, a la autonomía universitaria y a cuanto se nos
ocurrió. La gente se nos sumaba entusiasmada. Las autoridades no sabían qué hacer. Por
fin me agarraron, y me impusieron una multa de 1,200 pesos. Después seguimos
haciendo lo que podíamos, mientras Radamés y Néstor pagaban su condena. Mucho
después, cuando la visita del Papa, Radamés fue amnistiado. Nestor había salido en
libertad y luego vuelto a caer, ahora con una condena de seis años. A los amnistiados se
les exigió que se fueran del país. Yo, por mi parte, decidí hacerlo también. La embajada
de los E.U. nos viabilizó la visa como refugiados. Radamés y yo llegamos a los E.U. el
25 de junio de 1998.
JV.- Ahora comenzaba una nueva etapa, pero hablaremos de esto en otra ocasión.Quedamos, pues, pendientes, ¿no? ¿Cómo te sientes de la entrevista?
HL.- Me ha sido muy grato compartir con Ud. mis experiencias de lucha en Cuba.
JV.- Muchas gracias. Espero que la próxima sea tan apasionante.
Entrevistó J.V. 23 de nov del 03

Este blog es en parte posible debido a la cooperación generosa y desinteresada de Rubén Fernández y Antonia Santana.

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