Archivos en la Categoría: Generación Y

Agente 000.

La saga de agentes encubiertos, de topos dentro de las filas de grupos opositores, me produce más bostezos que alarma. Cuando presentan a uno de esos “héroes” en la televisión oficial, siento que estoy ante un serial de ficción donde los personajes son actores, el guión ha sido escrito por alguien con dotes literarias y las escenas se han filmado una y otra vez hasta parecer convincentes. La estrategia del policía secreto ha sido demasiado explotada en la pantalla chica cubana, demasiado usada en nuestra realidad. La idea es hacernos creer que cualquier amigo, familiar o hasta nuestros propios hijos son una suerte de Mata Hari que dado el caso declararán contra nosotros. La desconfianza se convierte así en un elemento paralizante.
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Luis Alberto García: la opresión es mental.

El actor cubano, Luis Alberto García, cree que la regla impuesta por Fidel Castro a los intelectuales, “Dentro de la revolución todo, contra la Revolución nada”, ha sido muy dañina para la sociedad cubana.

En entrevista con Ernesto Morales Licea, autor del blog “El Pequeño Hermano”, García señaló que las palabras de Castro llevaron a “establecer que reflejar en el arte los defectos, errores o problemas de Cuba era darle armas al enemigo”.

García tiene una larga carrera artística. “No creo que exista un solo cubano que no haya visto su cara alguna vez, en la pantalla grande o la chica, o en un escenario teatral. Es uno de los actores más reconocibles del panorama nacional”, dijo Morales Licea en su blog.
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Catástrofes personales.

¡Cuántos dramas humanos alrededor de cada fallecido en el accidente del vuelo 883 de AeroCaribbean! En el listado de pasajeros la coincidencia entre algunos apellidos sugiere que se han perdido padres e hijos, hermanos y hermanas, parejas con sus retoños. Recuerdo que entre los nombres referidos en el noticiario de la mañana estaba el de un turista japonés, que también perdió la vida a miles de kilómetros de esa otra Isla tan diferente a la nuestra. No puedo dejar de pensar en él ni en el resto de los muertos de un avión que sólo debió ser la vía, el puente, el camino, pero nunca el final.

Detrás de cada uno de los 40 pasajeros cubanos la tragedia también es enorme. Ellos compraron aquel fatídico boleto tres meses antes de la fecha de partida e hicieron una larga cola para acceder a un medio de transporte que en este país es exiguo y sumamente caro. Probablemente se sintieron aliviados al saber que podrían hacer el recorrido desde Santiago de Cuba a la Habana en algo menos caótico que un tren nacional. Su presencia en aquel ATR 72/212 fue la conclusión de una secuencia de sacrificios que comenzó justo cuando tuvieron la necesidad –o el deseo– de viajar dentro de Cuba y que sólo terminaría al llegar a su destino.
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