Causas y peligros de la alianza Cuba-Irán.

Por Roberto Alvarez-Quinones.
Si fue una irresponsabilidad de los hermanos Castro autorizar en 1962 a la Unión Soviética a que desplegara armas nucleares en territorio cubano y que Fidel le sugiriese a Nikita Kruschev que diera el primer golpe atómico contra Estados Unidos, también lo es que hoy Cuba tenga una alianza política con Irán cuando la comunidad mundial presiona a ese país para evitar que tenga armas nucleares.Mahmud Ahmadinejad, quien todo indica es presidente de Irán debido al fraude cometido en las elecciones de junio de 2009, en las que al parecer el candidato opositor, Mir-Hossein Mousavi, recibió más votos, acaba de visitar La Habana, para afianzar la alianza castrista con la teocracia persa.El líder iraní dictó una conferencia magistral en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, donde se le confirió el título de “Doctor Honoris Causa en Ciencias Políticas”. Por cierto, Ahmedinajad, que en 1979 tenía 23 años de edad, fue señalado por algunos rehenes estadounidenses como uno de los jefes del asalto terrorista y ocupación de la embajada de EE.UU en Teherán durante 444 días (1979-1981).Luego se reunió con Fidel Castro –¿está realmente retirado?–, quien luego en su “reflexión” del viernes dijo que en el encuentro Ahmedinajad insistió en ” la lucha por el ser humano, caminar hacia llegar y lograr la paz, la seguridad, el respeto y la dignidad humana”.

Una forma muy singular tiene de luchar por la paz el presidente iraní cuando proclama que hay que “borrar a Israel de la faz de la Tierra”. O cuando su gobierno entrena a grupos armados chiíes en Irak, a los que les suministra las armas avanzadas y explosivos con las que han asesinado a miles de civiles inocentes y soldados estadounidenses.Otra expresión de su altruismo pacifista es la de financiar, apoyar y entregar armas y explosivos a los grupos extremistas de Hezbolá en Líbano –que ha divido ese país–, y a Hamas en territorio palestino, que ataca el territorio israelí, comete atentados y se niega reconocer a Israel como Estado.Como aportación adicional a la distención internacional, Ahmedinajad insulta al mundo y a las víctimas del nazismo al afirmar que el genocidio de seis millones de judíos cometido por la Alemania fascista –el Holocausto– es mentira, un puro invento de Occidente.Para colmo, Fidel tuvo otro desliz –como cuando dijo que el modelo socialista cubano no funciona– en la reflexión citada, y dijo que Irán confía en “la capacidad de su pueblo para enfrentar cualquier agresión y en la eficacia de las armas, que en gran parte producen ellos mismos, para ocasionar a los agresores un precio impagable”.Lo de “precio impagable” huele a ataque atómico, o atentados terroristas en gran escala. Porque, aunque Fidel en dicha reflexión dice que “ningún país grande o pequeño tiene el derecho a poseer armas nucleares”, seguidamente aclara que Estados Unidos “impuso al resto del mundo la línea a seguir”, con lo cual de hecho reconoce el derecho de Irán a poseer dichas armas, porque ya Israel las tiene.Y ahí está el detalle. Lo mejor sería que no hubiese armas nucleares en el mundo, pero si aún existen, no es lo mismo que las posea un Estado responsable, a que las tenga uno cuyo jefe de gobierno dice que hay que borrar del mapa a otro Estado miembro de la ONU.
Asegurar el petróleo
Esta alianza cubano-iraní, sin embargo, más que a razones de alta política contra el “Gran Satán” (Estados Unidos) responde a objetivos más prácticos: asegurar un eventual suministro de petróleo barato en caso de que Hugo Chávez muera, o sea derrotado en las elecciones de octubre próximo. Raúl Castro siempre ha tenido más los pies en la tierra que su “iluminado” hermano, adicto al discurso grandilocuente y las musarañas ideológicas.Venezuela casi regala cada año a Cuba unos 36.5 millones de barriles de petróleo con un valor de unos $3,300 millones de dólares, que el gobierno cubano paga con el trabajo de decenas de miles de médicos, oficiales de inteligencia, militares, agentes de seguridad, maestros, deportistas y otros profesionales que prestan servicio en territorio venezolano. Por cierto, se trata de una cuenta muy rara, pues al final los Castro reciben subsidios del Tesoro venezolano por unos $6,000 millones anuales.Con ese petróleo Cuba cubre el 63% del consumo nacional de petróleo, y además exporta gasolina y crudo. Según el Ministerio de la Industria Básica, en 2010 el consumo cubano de crudo fue de 54.7 millones de barriles (7.8 millones de toneladas), y la producción doméstica fue de 21.4 millones de barriles. Si se agrega el crudo venezolano la cifra da 57.9 millones de barriles. Es decir, no se consumieron 3.2 millones de barriles, que fueron reexportados probablemente ya refinados, como gasolina, por unos $350 millones, adicionales a las subvenciones mencionadas.Pero todo eso se puede acabar si se instala en Caracas un nuevo gobierno. Es por ello que la administración de Raúl Castro trabaja en un plan B. Por eso envía altos funcionarios a Brasil, China, y recibe tan efusivamente a Ahmedinajad que lo nombra “Doctor Honoris Causa” de la casi tricentenaria Universidad de La Habana, con lo cual degrada a las prestigiosas personalidades que han recibido ese título.El régimen cubano no tendría cómo importar casi dos tercios del petróleo que consume a los precios astronómicos que tiene en el mercado mundial, pues sus ingresos totales de divisas por las exportaciones de bienes no superan los $2,600 millones y el turismo en ingresos netos no supera los $700 millones.En caso de salir de escena Hugo Chávez, los Castro confían en que su amigo iraní podría garantizar el envío a la isla de tal vez 15 o 20 millones de barriles de petróleo sumamente barato y con facilidades de pago.Pero así se repite la historia de hace casi medio siglo, cuando el dictador cubano en 1962 autorizó a Moscú a emplazar en territorio cubano decenas de misiles nucleares SS-4 y SS-5, estos últimos con alcance de hasta 5,000 kilómetros, a cambio de que la URSS mantuviera económicamente su régimen de por vida, lo “protegiera” de un posible ataque de EE.UU. al precio de convertir a Cuba en país con armas atómicas y colocar al pueblo cubano en el centro de la confrontación Este-Oeste.Y encima, Castro puso a Cuba en peligro de desaparecer cuando le solicitó a Kruschev que, si EE.UU invadía a Cuba, la URSS lanzara sus cohetes intercontinentales contra el territorio estadounidense, cosa que asombró tanto al líder soviético que se lo comentó a una delegación checoslovaca que recibió en el Kremlin el 30 de octubre de 1962, tres días después de recibir la insólita carta de Castro, llevada personalmente por el embajador soviético en Cuba, Alexei Alexeiev.Ahora los Castro afianzan sus relaciones con la autocracia iraní. Si ese gobierno lograra fabricar una bomba atómica y la lanzara contra Israel, y estallase una conflagración catastrófica para la humanidad, Cuba quedaría en el bando equivocado, en el del agresor. ¿Sería eso justo?

Fuente: AOL Latino

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