El dilema económico de Raúl Castro.

Por Roberto Alvarez-Quinones.
Tras asumir en abril de 2011 su cargo de jefe de jefes de Cuba en el VI congreso del Partido Comunista, el general Raúl Castro se ha propuesto “mejorar” la economía estatal cubana con una fórmula que gráficamente podemos visualizar como una copa casi llena de socialismo, con gotitas de capitalismo.Se trata del llamado “perfeccionamiento empresarial”, un mestizaje que consiste en aplicar principios y categorías económicas “burguesas” en las empresas estatales comunistas, lo que ya se hace en las empresas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) desde 1987.El octogenario general de cuatro estrellas se mueve así con una estrategia dual: con una mano abre lentamente espacios a la iniciativa privada y con la otra aplica lo que considera la receta “secreta” para transformar en eficientes a las empresas socialistas — las más improductivas de Latinoamérica y de todo Occidente–, pues como bien aclaran los “Lineamientos” económicos aprobados en el mencionado congreso partidista, las empresas estatales no sólo continuarán siendo la espina dorsal económica de la nación, sino que serán “estimuladas y fortalecidas”.Resulta realmente difícil de asimilar que la administración raulista tenga tan mala memoria como para no recordar que esa varita mágica de Mandrake, ni es nueva, ni pudo salvar del desastre al “socialismo real” en Europa.

Y es que la propiedad social, como dijo Mijail Gorbachov, “es la propiedad de nadie”, algo totalmente kafkiano.Según dicho perfeccionamiento, el personal de la gerencia socialista –que debe tener bastante autonomía en su gestión– obtiene un porcentaje de las utilidades de la empresa si cumple el plan trazado centralmente de ganancias, rentabilidad, calidad de la producción y surtido. Y los trabajadores, a su vez, obtienen una parte de la ganancia obtenida, pero si logran reducir el costo de producción, o lo mantienen bajo, según fue planificado. En eso, con más o menos matices, consistía el “socialismo autogestionario” que había en la Yugoslavia comunista dirigida por el mariscal Josip Broz Tito, que además permitía la propiedad privada en los servicios y ciertos sectores económico controlados por el gobierno bajo ciertos límites, tal y como ha empezado a hacer el régimen cubano, aunque en mucho menor escala. Recuerdo que esta autogestión era fuertemente rechazada por Fidel Castro, y que el Che Guevara la llegó a calificar de traición al socialismo.Por eso fue una gran ironía –puede que no haya sido del todo casual, pues no se llevaban muy bien– que en 1987 Raúl Castro escogiese para iniciar su experimento autogestionario en las FAR, a la Empresa Militar Industrial “Comandante Ernesto Che Guevara”, enemigo acérrimo de cualquier tipo de autonomía o autofinanciamiento empresarial en el socialismo y partidario de un centralismo absoluto. En una reunión de trabajo en el Ministerio de Industrias, en febrero de 1964, el Che dijo: “Nosotros planteamos aquí un sistema centralizado de la dirección de la economía, con un control bastante riguroso de las empresas, pero además con un control consciente de los directores de empresas y considerar el conjunto de la economía como una gran empresa, y tratar de establecer la colaboración entre todos los participantes como miembros de una gran empresa -en vez de ser lobitos entre sí-, dentro de la construcción del socialismo…”Ideológicamente, durante décadas, la cúpula castrista arremetió siempre contra este tipo de autogestión híbrida, porque “corrompe a la clase obrera”. A fines de los años 80, sin embargo, devino modelo para las empresas de las FAR. Pero con autogestión y todo Yugoslavia no pudo escapar del derrumbe colosal del comunismo como experimento social.Hoy en las empresas de las FAR el salario de cada obrero depende del resultado concreto de su trabajo. Al ser variable su ingreso, funciona como elemento de presión que busca estimular el aumento de la productividad laboral, que en el caso de Cuba es una de las más bajas del planeta. También las empresas, son estimuladas, o penalizadas, según sea el rendimiento y los resultados financieros de su gestión.Esta vinculación del salario con el resultado productivo obtenido, así como el autofinanciamiento de empresas estatales, tampoco son algo nuevo. Fue aplicado en la Unión Soviética y toda Europa del Este, con innovaciones más “atrevidas” en Hungría, Polonia y Rumanía. Pero aquello no logró evitar que sus economías se quedaran muy a la zaga de las de Europa Occidental en todos los órdenes, y que finalmente sucumbieran. No funcionaron aquellas soluciones “milagrosas” para hacer eficiente y racional la economía centralmente planificada, que terminó en el cesto de la basura.Quizás lo único novedoso o singular del esquema raulista en esta modalidad para mejorar, o “actualizar” el socialismo tropical, es que coloca como piedra angular del experimento, como condición para que funcione, la reducción drástica de los costos de producción, lo que implica el despido masivo de trabajadores.Precisamente en Cuba esto es mucho más complicado, y diría que grave, ya que es impresionante la cantidad de empleados estatales que sobran, no producen nada, pero cobran un salario. Aunque típico de toda economía socialista, en el caso cubano esto adquiere proporciones gigantescas.Ni en la URSS ni en Europa Oriental las nóminas de las fábricas y demás centros laborales fueron tan abultadas como en Cuba. En China y en Vietnam sí lo fueron, pero se desinflaron con las reformas capitalistas, muy diferentes, por cierto, a la autogestión yugoslavo-cubana.O sea, este perfeccionamiento de las empresas estatales requiere del surgimiento urgente de un sólido y amplio sector privado en Cuba, y no sólo del fomento de “timbiriches”, para dar empleo a tanta gente.Este es precisamente el dilema del general Castro: teme abrir mucho la mano en el desmontaje del rígido estatismo estalinista, pero resulta que si no lo hace su perfeccionamiento empresarial no puede siquiera ser aplicado.Desinflar las plantillas en Cuba no va ser posible sin antes permitir que surjan cientos y miles de negocios y empresas privadas de todo tipo que generen riquezas en el sector industrial, la agricultura y los servicios por igual, con el vital concurso de los miles de profesionales del país, para generar cientos de miles de empleos y sacar a la nación del abismo profundo en que la hundió el estalinismo económico.La economía socialista cubana se haya en su crisis terminal. Si sobrevive aún se debe a los subsidios de Hugo Chávez y las remesas de los “gusanos” desperdigados por el planeta. No hay que hacer mucho esfuerzo intelectual para atisbar que la isla solamente saldrá de su estado ruinoso si se libera realmente, sin tapujos ni controles, el talento y la capacidad creadora del pueblo cubano.

Fuente: http://www.aollatino.com

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