Regencia Senil.

Por Ernesto Morales.
Quienes levantaron banderas y prepararon equipajes sufrieron otra decepción. Apenas una más. Es cierto: fueron solo rumores los que adelantaban que el viernes último el regente de Cuba declararía el fin del atrincheramiento y bajaría el puente levadizo, para que sus súbditos pudieran salir del castillo, y sus detractores pudieran regresar a un reino que también les pertenece.Fueron solo murmullos de salón, pero muchos cubanos, asfixiados de restricciones, se creyeron el secreto. Hasta que en la Asamblea Nacional el General de Ejército reafirmó la “invariable voluntad” de introducir “paulatinamente” cambios en la restrictiva política migratoria del país, y nada más.Los ecos esperanzadores se extinguieron, dejando tras de sí la misma frase de siempre: “era lo esperado”.Se trata ni más ni menos que de un invento tropical cubano: la diplomacia del absurdo. Una especie de chachachá político indescifrable, con pasillos que no guardan armonía entre sí ni conforman un baile coherente, y donde esta nueva decepción en torno a un tema que no admite más dilaciones, representa solo un el último movimiento.El pensamiento de la cúpula regente en Cuba se me antoja un misterio insondable, cada día más difícil de entender.

He llegado a pensar: ya ni el poder les interesa en realidad. Lo que les interesa, según un criollismo delicioso, es joder.Alistemos una balanza: en un platillo pongamos la excarcelación de 126 presos por causas políticas, unos deportados a España, otros residiendo hoy en sus casas, y el más reciente anuncio (allí donde debía declararse la libertad de entrada y salida de los cubanos) de 2900 presos que recibirán indulto. Qué bien. Y entonces, en el otro platillo, coloquemos las recientes pateaduras salvajes a disidentes, las golpizas a mujeres, los gases lacrimógenos y el regreso de un fantasma que nunca acaba de morir: los actos de repudio organizados por el establishment. ¿Se inclina la balanza hacia algún lado, cambia en algo el horizonte? Decididamente no. Esto, en materia diplomática, es un puro disparate.Regresemos a la balanza: en un platillo, los llamados de un Raúl Castro que, o es un actor de primera o pronuncia sus discursos bajo los efectos de su bienamado alcohol, o realmente quiere que los cubanos empiecen a hablar sin miedo, a mostrar sus desacuerdos en reuniones y foros públicos. Se lo he escuchado más veces en 5 años, que a su hermano en 50. ¿Un alarde de apertura? Puede ser. ¿Pero para qué? ¿Por qué necesita qué, desea qué? ¿Aparentar democracia para quién? Cualquier razonamiento queda sin vitalidad cuando luego, de la mano de ese llamado a la pretendida sinceridad, ponemos en el otro platillo de la balanza que un icono cultural como Pablo Milanés formula sus descontentos, sus anhelos de reformas socialmente urgentes, y una turba de cuatreros digitales, soldaditos de blogs, nombres oficiales de la cultura y altos funcionaros del aparato arremeten contra él, cuchillos en bocas.
¿Conclusión elemental para el cerebro de los cubanos?, si un intocable como Pablo recibe semejante respuesta descalificadora por parte de este gobierno ¿qué pueden esperar los comunes y hambrientos mortales? Situando piezas en un tablero: ¿adónde apunta la proa de ese barco desquiciado que es mi país? Me declaro incapaz de atisbarlo. No lo entiendo. Si la intención es mantener la garra apretada, si la intención es morir en el poder, víctimas de la biología (hoy Vilma Espín, mañana Juan Almeida, pasado Julio Casas Regueiro) sin cambiar ningún panorama, ¿a qué tanto interés reformista, descentralizando economía, permitiendo ventas de carros y casas, anunciando presuntos cambios migratorios, vaciando las cárceles de prisioneros políticos, invitando a James Carter y Bill Richardson? Si la intención es montar un lobby solapado, fingiendo rigidez en público y en la sombra hablando candorosamente con el enemigo, ¿por qué tanta golpiza, tanta detención, tanto palabrerío encendido contra las voces discordantes? El pasito pa´lante y pasito pa´tras, el absurdo insondable que escenifica cada día la política cubana no creo que tenga mucho que ver con la indecisión de gobernantes cautelosos. Mi explicación es esta: es el producto final que se recoge cuando dos factores como totalitarismo y senilidad terminan juntos, de la mano.

Fuente: martinoticias.com

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