Invictus.

Por Ariel Hidalgo.
En la cinta Invictus, dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon, se describe cómo, en una nación dividida por el odio racial, por la violencia y el crimen, se desenvuelve el proceso histórico de la reconciliación sudafricana gracias a la inteligente estrategia de un hombre: Nelson Mandela. Basado en el libro de John Carlin, Jugando el Enemigo: Nelson Mandela y el juego que cambió a una nación, se narran los acontecimientos que llevaron a ese pueblo a la victoria en el torneo por la Copa Mundial de Rugby de 1995 en la propia Sudáfrica.Cuando llega a las oficinas presidenciales en medio de los temores de la minoría blanca a una posible ola revanchista de despidos, encarcelamientos y hasta de ejecuciones todos los empleados se encuentran ya con sus pertenencias empaquetadas y él los convoca para anunciarles que no despedirá a nadie y para invitarlos a luchar juntos por levantar una Sudáfrica unida para el bien de todos.

Y cuando un grupo de agentes represivos se presentan ante el nuevo jefe de Seguridad que en otro tiempo fuera perseguido por ellos, éste pregunta: “¿Qué? ¿Me vienen a arrestar?” Y ellos le informan que fueron asignados por el presidente a ponerse bajo sus órdenes. El jefe de Seguridad va a ver a Mandela para preguntar qué significa aquello y éste le responde que todo ha cambiado, que ahora todos deben trabajar juntos. El propio partido de Mandela decide por unanimidad cambiar los odiados colores verde y amarillo del equipo de rugby porque representan a la minoría blanca, y Mandela aparece para pedirles que echen atrás esa decisión en aras del respeto a los derechos de la minoría. Luego ordena a los miembros de ese equipo deportivo, contra la opinión general de que debían aprovechar el tiempo entrenándose para el torneo, a recorrer todo el país para enseñar a jugar a los niños pobres de barriadas y aldeas. Bajo la consigna “un equipo, una nación”, los jugadores se alzan con la fuerza del apoyo moral de un pueblo unido para lograr, contra todos los pronósticos, el campeonato mundial. Tras la victoria, la población grita jubilosa, y en las calles, negros y blancos se abrazan.La moraleja es bien clara: un pueblo unido puede realizar increíbles proezas, incluyendo el milagro de la resurrección. El odio y la venganza nos destruyen. El amor y el perdón nos magnifican. Si hablas de pases de cuenta, aunque la revancha se disfrace de justicia, ni siquiera será posible el milagro de la libertad, porque quienes tienen al alcance la llave de los cambios, aun cuando ya estén secretamente inconformes con el régimen que sus jefes han perpetuado, nada harán por hacer realidad un nuevo amanecer si escuchan los augurios de tener que pagar viejos pecados. ¿Es la justicia sinónimo de desquite? Los sudafricanos dieron la respuesta por boca del Arzobispo Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz: “Justicia es reconciliación”. Pero esto no significaba olvidar lo pasado. La Comisión de Verdad y Reconciliación estableció el sistema de “amnistía a cambio de verdad”. Los victimarios confesaban sus crímenes a cambio del perdón. Las confesiones eran publicadas. Los culpables no tenían más castigo que la exhibición de sus vergüenzas a la vista pública. Tutu expresaba que “los actos eran demoníacos”, pero añadía que aquellos que los cometían “eran hijos de Dios”. El concepto sudafricano ubuntu reconoce la humanidad fundamental de todas las personas, incluso del peor criminal posible, porque en todos existe la esperanza de la regeneración. En el fondo de cada alma humana está la huella de lo divino aunque esté soterrada bajo un cúmulo de pasiones terrenales. Es fácil matar a un ser humano, pero lo realmente meritorio reside en saber despertar en él la bondad, en sacar lo bueno de cada uno. El verdadero milagro está en la conciencia del pueblo.Las libertades que se alcancen sobre los escombros de los patíbulos terminarán engendrando nuevas tiranías, porque las águilas no empollan huevos de palomas. Las represalias engendran contra-represalias en una espiral de violencia sin fin. Y es hora de poner un alto para emprender un nuevo camino. Los que aún vivimos sin libertad, en vísperas de un año que se augura como de grandes cambios, comencemos a sembrar en la conciencia, a partir de esta navidad, la simiente de una patria nueva.

Fuente: El Nuevo Herald

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