Interesantes y controversiales propuestas hacia Cuba.

Por Miriam Leiva.
Un acercamiento a la nueva economía de Cuba y la respuesta internacional” es el título [1] de un interesante y enjundioso estudio, elaborado por el Profesor Richard E. Feinberg, publicado por la Iniciativa Latinoamericana en Brookings a mediados de noviembre. Sus recomendaciones sobre la eventual colaboración de las instituciones financieras internacionales con La Habana, propósito clave del trabajo, denotan una visión de futuro, al tiempo que ha disparado apoyos, objeciones y críticas. El documento brinda mucha información sobre la situación económica en Cuba, las medidas en proceso de aplicación y la incipiente cooperación para el desarrollo de Canadá, España, Bélgica, Suiza, Japón, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) —donde participa Estados Unidos—, e instituciones de la Unión Europea, así como ejemplifica experiencias con Viet Nam y Nicaragua. Cada uno de esos capítulos merece comentario propio, aunque vale señalar que en general contribuyen a aproximarse al proceso de modificaciones en la rígida e ineficiente economía cubana, que ha comenzado a moverse a tenor con los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista, efectuado en abril pasado.

Pero los capítulos dedicados a “Las Instituciones Financieras Internacionales: Relaciones con No Miembros” y “Conclusiones y Recomendaciones: Empujando la historia hacia delante” constituyen el objetivo central, e indudablemente requieren una lectura acuciosa y desprejuiciada. Como expresa el autor “las conclusiones pueden ayudar a iluminar las potenciales direcciones futuras para el acercamiento de la comunidad internacional a Cuba, a fin de promover su renovación económica”, y sugieren recomendaciones relacionadas con el Fondo Monetario Internacional/Banco Mundial, el Gobierno cubano y los Estados Unidos. Resultan esclarecedores e interesantes los datos sobre esas organizaciones, la participación cubana en ellas hasta inicios de la década de 1960 y sus perspectivas, así como las políticas norteamericanas cautivas del pequeño, pero influyente, lobby cubano-americano, que dificulta cambios para adecuarlas a las circunstancias actuales en la Isla.
El autor expone que después de muchos años acusando al FMI y el Banco Mundial de ser instrumento del “enemigo histórico” (los Estados Unidos), y plaza fuerte de perniciosas ideologías imperialistas, Cuba —tanto el Gobierno como el pueblo— no están preparados para un súbito abrazo. En su lugar se requiere un proceso gradual de creación de confianza. Además ha alegado que aquel país impediría su ingreso a esas instituciones financieras internacionales. Esa propaganda isleña obstaculiza que presente la solicitud de membresía, mientras el vecino del Norte no puede vetar la admisión, aunque una eventual consideración de ingreso crearía una incómoda situación para los demás miembros, teniendo en cuenta que Washington es el principal contribuyente. Los criterios de ingreso en esas instituciones son muy abiertos, por lo que agrupan a 187 países, y solamente no participan los pequeños estados de Andorra, Mónaco, Liechtenstein, Nauru, así como Corea del Norte y Cuba.
Nuestro país fue miembro del FMI hasta que se retiró en 1964, aunque en términos aceptables, pues incluso negoció el pago pendiente de un préstamo de 25 millones de dólares recibido en 1958 y cuotas de membresía. No obstante, Feinberg sugiere la posibilidad de aproximación mediante la asesoría técnica y la formación de cuadros, posiblemente realizado en otro país, como en el Centro de Asistencia Técnica Regional para el Caribe (CARTAC), y financiado a través de un fondo ajeno a la institución. Colaboraciones similares con no miembros se tienen en la Franja de Gaza y Sudan del Sur. También plantea la posible participación de la “Diáspora Cubana” residente en Estados Unidos, Canadá, Europa y América Latina. Según el autor, un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores le expresó que “Cuba no posee una posición de principios contra las relaciones con el FMI y el Banco Mundial”, y un relevante economista cubano (muy probablemente vinculado al Gobierno) le sugirió 10 temas de estudio, durante una visita suya a La Habana en junio pasado.
En cuanto a la política de Estados Unidos, Feinberg considera que no se debería politizar o tratar de impedir la readmisión de Cuba en las instituciones financieras internacionales, para lo cual la Casa Blanca debería iniciar una revisión de los mandatos congresionales (Ley Helms-Burton, por ejemplo), que condicionan la política hacia la vinculación cubana, con el propósito de permitir una respuesta norteamericana más flexible a las expresiones de interés por trabajar con las mismas. Añade que el Gobierno debe estimular las reformas económicas en Cuba, por ejemplo permitiendo a ciudadanos norteamericanos (incluyendo a los cubano-americanos) y las organizaciones de la sociedad civil ayudar al sector privado legal, así como propiciar los fondos para microcréditos, de manera que los empresarios emergentes puedan acceder a capital y a experiencia administrativa vinculada a él.
Aunque algunas personas argumentan en contra de las propuestas del autor que se estaría abriendo las puertas al Gobierno cubano, hay que considerar que estos programas facilitarían el acceso a técnicas actuales y formarían a especialistas para procurar el avance económico de la nación. Es cierto que actualmente se afronta la selección por las autoridades, aunque las personas dicen exponer criterios a título privado. No obstante, las necesidades para procurar salir de la crisis actual son muy amplias, los conocimientos abren las fronteras mentales y en la sociedad prevalece la convicción sobre la necesidad de efectuar cambios sustanciales. Indudablemente es difícil encarar estas propuestas, teniendo en cuenta que muchos cubanos que han expresado sus criterios, han sido y son expulsados de los trabajos y reprimidos, por lo que no podrán participar en esas oportunidades. Indudablemente resulta muy difícil abrir la sociedad totalitaria.
El trabajo del profesor Feinberg constituye una esclarecedora base de datos y las recomendaciones merecen ser consideradas con mente amplia. Es un esfuerzo para desbrozar caminos.

[1] “Cuba’s New Economy and the International Response”, Richard Feinberg, Latin America Initiative at Brookings.

Fuente: Cubaencuentro

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