Claroscuros de una comunidad.

Por Alberto Méndez Castelló.
“La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños es nuestra obra más preciada. (…) En términos estratégicos nos brinda el instrumento político requerido para aunar voluntades, respetar la diversidad, resolver diferencias, cooperar por el bien de nuestros pueblos y solidarizarnos los unos con los otros”, dijo Raúl Castro en la Cumbre de la CELAC este 2 de diciembre en Caracas, Venezuela.
En el propio discurso, el General afirmó: “No tenemos un ideario plenamente homogéneo, ni coincidimos en todas las posiciones políticas. Esa es parte de la realidad y con ella debemos trabajar en un clima de respeto y cooperación”.
Mientras el Primer Secretario del Partido Comunista, el único permitido en Cuba, pronunciaba esas palabras en Venezuela ante los presidentes de Latinoamérica y el Caribe libremente elegidos por el voto popular, en la región oriental de la Isla decenas de disidentes y opositores políticos al régimen eran detenidos y llevados a los calabozos solo por expresar pacíficamente la no coincidencia de ideas sociopolíticas; el General las tolera en la arena internacional, pero las criminaliza en su país.

En tanto cientos de miles de personas expresan sus desacuerdos por razones socioeconómicas y políticas de Madrid a Nueva York, de El Cairo a Londres, con la fuerza bruta y la coerción de las leyes el régimen que ya jura más de medio siglo en el poder hace callar a sus oponentes para ofrecer al mundo una imagen de unanimidad que en la realidad no existe en Cuba.
“El patrimonio común de nuestras tierras y mares atesora una riqueza natural extraordinaria que, utilizada del modo más sostenible, con responsabilidad y solidaridad, ofrece a las futuras generaciones las bases de un porvenir de prosperidad y justicia”, afirmó también Castro en Caracas.
Pero lo que no dijo a los presidentes de Latinoamérica y el Caribe es que, en el colmo de la segregación al estilo del más rancio apartheid sudafricano, quienes disienten en Cuba no tienen derecho al uso de los recursos naturales en su propio país.
En lugar de un futuro de prosperidad y justicia, lo que el castrismo ofrece a las futuras generaciones es una economía basada en el estatismo y la servidumbre.
Quien lo dude, consulte el reglamento para la utilización de las tierras ociosas en Cuba y, de paso, échele un vistazo al listado de ocupaciones autorizadas para ejercer el trabajo por cuenta propia.
Existen en Cuba miles de hectáreas de terreno baldío por obra y gracia de la pésima administración estatal. Pero ese patrimonio, que debía ser de todos los cubanos, sin importar credos políticos, no está al alcance de quienes disienten, a los que se trata cuales perros rabiosos, prefiriendo el régimen mantener la tierra improductiva antes que entregarle un palmo a quienes se le oponen.
Ese es el orador que escucharon y aplaudieron los presidentes de América del Sur y el Caribe: el General que teniendo bajo su mando cientos de kilómetros de costa con decenas de especies marinas, no permite a sus críticos lanzar un anzuelo a esas aguas para hacerse con un pez ni siquiera en estos tiempos de carestía.
Pero no solo fue el General escuchado y aplaudido en Caracas, sino que para escarnio de todos, será el anfitrión en 2013. De Caracas se irán a Chile, y de Chile vendrán a La Habana; es como para reírse, si no fuera motivo de llanto.
Los presidentes aficionados a la horticultura pueden venirse con sus semillas, sus azadas y sus rastrillos; aquí hay suficiente tierra para los que aplauden.
Y los pescadores no olviden sus avíos. Como no son muchos los cubanos a quienes se nos permiten poseer botes, a los presidentes les sobrará dónde fondear sus yates.
Y, por supuesto, los presidentes que practican la caza no dejen sus escopetas. Encontrarán aquí la avifauna más estupenda que puedan imaginar; no olviden que la mayoría de nosotros, cubanos a quienes se nos prohíben las ocupaciones más antiguas de la raza humana, no podemos hacernos ni con una polla de agua.
¡Aprovechen! Ya en Caracas el General les dio un adelanto de las reglas del juego: la claridad para ustedes, señores presidentes, y sus empresarios latinoamericanos y caribeños, y la oscuridad para nosotros, los cubanos segregados.

Fuente: Diario de Cuba

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