Nuevo redimensionamiento de la agroindustria azucarera cubana.

Por Oscar Espinosa Chepe.
El gobierno cubano anunció la disolución del Ministerio del Azúcar y en sustitución creó “una organización superior de dirección empresarial (OSDE)”, denominada simplemente Grupo Azucarero. La eliminación del MINAZ se esperaba hacía tiempo. No tenía sentido mantener una inmensa estructura burocrática para atender una actividad económica que hace tiempo perdió la importancia disfrutada durante siglos en la sociedad cubana.

Aunque no se conocen los resultados de las zafras 2009-2010 ni 2010-2011, los estimados realizados por varias fuentes con experiencia en la materia reflejan que sólo fueron superiores al millón de toneladas de azúcar, o sea, magnitudes no muy alejadas de los niveles productivos logrados a finales del siglo XIX, antes de que comenzara la Guerra de Independencia en 1895. Cuba, que fue la gran exportadora del mundo en muchos momentos, con una industria azucarera que constituía la columna vertebral de su economía, ha tenido que importar azúcar en los últimos años de Brasil y Colombia, fundamentalmente, para poder abastecer su racionado mercado interno.
La industria está prácticamente destruida, con una capacidad de molida de algo más de un tercio de la existente en 1990, cuando existían 156 ingenios y la superficie cosechada se redujo de 1,4 millón de hectáreas en la Zafra 1989-1990 a 431,4 miles de hectáreas en las correspondiente a 2009-2010. En cuanto a los rendimientos por área, la caída ha sido sustancial, llegándose a 26,7 toneladas por hectáreas en la campaña 2009-2010, con cierta recuperación en la última realizada que la sitúan en 32,5 ton/ha según datos preliminares. Ambas cifras son muy distantes de los niveles mundiales de 71 ton/ha obtenidos en 2007-2009, según la FAO. Una situación igualmente desastrosa tiene el rendimiento industrial, que desde hace muchos años no supera las 11 toneladas de azúcar obtenida por 100 toneladas de caña procesada; muy distante de los niveles logrados antes de 1959, cuando en algunos de los diez años anteriores superó las 13 toneladas.
Según las informaciones, el Grupo Azucarero estará constituido por 22 empresas. De ellas 13 azucareras, distribuidas en todas las provincias del país, con excepción de Pinar del Río y La Habana, las cuales administrarán los 56 centrales que se mantendrán activos. Las restantes 9 empresas tendrán como objetivo labores de apoyo y servicios. Adicionalmente existirán 3 unidades presupuestadas, de las cuales dos dedicadas a la investigación: el Instituto Nacional de la Caña de Azúcar (INICA) y el Instituto Cubano de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA), a lo que se agrega el Centro Nacional de Capacitación Azucarera (CENECA). De acuerdo con el Decreto-Ley No 287, que dispone la extinción del MINAZ, se traspasa esencialmente al Ministerio de la Agricultura (MINAG) lo concerniente al control, protección y desarrollo del fondo de tierra destinado fundamentalmente a la producción cañera, así como la aplicación de lo normado en cuanto a sanidad vegetal en el cultivo de la caña de azúcar.
Asimismo, el Ministerio de Economía y Planificación (MEP) quedó responsabilizado con las asignaciones de los recursos para las producciones de caña, azúcares y derivados. El Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera mantiene la política y estrategia de comercialización de los productos de la industria azucarera en mercados externos, así como el control de las inversiones de capital extranjero. El ferrocarril cañero se integra al sistema empresarial del Ministerio de Transporte (MITRANS), y la producción de materiales y brigadas constructoras que antes laboraban en el MINAZ se transfirieron a los gobiernos locales y al Ministerio de la Construcción. Otras funciones que ejecutaba el MINAZ, no relacionadas directamente con la producción agro-azucarera, se trasladaron a los organismos correspondientes.
Con esas decisiones, el Grupo Azucarero nace con muchas restricciones y sin poder asegurar directamente los recursos necesarios para realizar su gestión. Incluso, como es el caso del ferrocarril cañero, al trasladarse al MITRANS pierde un medio tradicionalmente manejado por la industria, sin requerir coordinaciones con otros organismos o entidades. Así continuará la falta de control directo sobre los insumos y la intervención de organizaciones intermediarias en las negociaciones para las inversiones urgentemente requeridas para reconstruir la actividad azucarera.
Aunque la decisión de disolver el Ministerio del Azúcar y acercar los niveles de decisión a la base es correcta, obteniéndose ahorros por la reducción en un 45,0% de trabajadores innecesarios -fundamentalmente administrativos-, resulta preocupante la cantidad de organismos de los cuales el Grupo Azucarera dependerá.
Para rehabilitarse, la industria necesita autonomía y la toma de decisiones ágiles. No se puede perder más tiempo en reconstruir la industria azucarera cubana, en momentos cuando el precio del azúcar se mantiene a niveles altos. Cada día perdido en restaurar la absurdamente destruida industria azucarera representa inmensas pérdidas de ingresos para el país. El asunto no sólo es reestructurar, sino reconstruir con celeridad la agroindustria, permitir la toma de decisiones efectivas con agilidad y motivar nuevamente a los agricultores y trabajadores azucareros a producir en condiciones rentables.

Fuente: Cubanet

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