Por favor, así no nos ayude compadre.

Por Oscar Espinosa Chepe.
El exitoso empresario afronorteamericano Herman Cain, visitó recientemente Miami en busca de apoyo para su nominación como candidato presidencial del Partido Republicano para las elecciones de 2012. Quizás motivado por el interés de alcanzar el favor de los sectores más conservadores de la comunidad cubana en Florida, y mal asesorado, emitió opiniones desafortunadas sobre el futuro de las relaciones de Estados Unidos y Cuba. En las afueras del Restaurante Versailles señaló: “Creo que no solo debemos continuar la presión sobre el régimen de los Castro, sino que debemos aumentar esa presión”, en alusión a que si fura electo presidente permanecería la fracasada política mantenida durante más de 50 años, que no solo no ha promovido la democracia en Cuba, sino que ha conseguido que que el país más poderoso del planeta haya sido condenado en 20 ocasiones consecutivas en la Asamblea General de las Naciones Unidas por la mayoría de los miembros de esa organización, incluidos sus más cercanos aliados

Esa política estadounidense ha sido además un instrumento eficaz en manos de los sectores más consevadores del Gobierno cubano para promover el nacionalismo y para construir una falsa imagen de Goliat a noventa millas de sus costas. Ha servido para que el desastre económico sea explicado como consecuencia del embargo, a la vez que para tratar de justificar la represión, acusando a todo ciudadano que proteste contra la angustiosa situación imperante en Cuba por más de 50 años, como enemigo al servicio de los “yanquis”.
La historia demuestra que esas políticas aislacionistas, dondequiera que se han aplicado, no han promovido el pluralismo y la libertad, sino que han servido para crear coartadas para el atrincheramiento y el mantenimiento de los dogmas del totalitarismo. Por el contrario, hay notables evidencias en la historia de las relaciones de Estados Unidos con el mundo de que el establecimiento de contactos entre los pueblos favorece la democracia. Hoy se habla del progreso de las libertades económicas en China, y aunque todavía no se han conquistado la democracia que todos quisiéramos en ese populosa nación, ya se aprecian movimientos también en ese campo, presentes entre otros aspectos en la posibilidad de sus ciudadanos para realizar turismo fuera de sus fronteras, a la vez que gran cantidad de jóvenes estudian en el exterior, fundamentalmente en Estados Unidos. Todo parece indicar que continuarán los pasos hacia una sociedad más flexible y libre, rompiendo las milenarias tradiciones autoritarias, e incluso despóticas, que han lastrado su desarrollo.
Esos progresos, en significativa medida, fueron fomentados por las políticas aperturistas comenzadas por el presidente Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, y continuadas por otros estadistas norteamericanos, en especial Ronald Reagan, que como ha indicado el politólogo Arturo López-Levy (Usan las palabras de Reagan, ¿Pero sus políticas?), llevó el comercio entre ambos países de mil millones de dólares en 1978 a cinco mil millones en 1984, lo cual se acompañó de un incremento sustancial de acuerdos académicos y educativos con el resultado de que en 1985 más de 10.000 chinos estudiaran en Estados Unidos —cifra hoy varias veces superior—, y en 1984, durante su visita a Beijing, se firmaran varios acuerdos bilaterales, incluyendo uno sobre cooperación nuclear. Esto sin olvidar que este ídolo de los ultras cubanos, fue quien poco después de llegar a la Casa Blanca terminó el embargo en las ventas estadounidenses de cereales a la URSS, todo ello sin debilitar sus posiciones en defensa de la democracia.
Debe recordarse a los asesores del señor Cain que también la contribución de Nixon y Kissinger resultó decisiva para que el tendido de puentes, la Ostpolitik en Europa de Willi Brandt, tuviera éxito en vencer las enormes reticencias de los ultras de su época. Proyecto que al concretarse fue un factor importante en la liquidación del totalitarismo comunista en el este del viejo continente.
Lamentablemente, no fue el citado pronunciamiento acerca de Cuba lo único desacertado durante la visita a Miami de quien actualmente encabeza la posibilidad, en competencia con Mitt Romney, ex gobernador de Massachusetts, a ser candidato por el Partido Republicano. Allí también criticó al presidente Barack Obama por “debilitar económica y militarmente a Estados Unidos, así como debilitar su imagen en el exterior”. En primer lugar habría que decir que los problemas de Estados Unidos tienen su origen esencialmente en la pésima gestión del presidente George W. Bush durante dos períodos, quizás el peor mandatario de ese país en toda su historia. Él dejó el caos a la nueva administración que Obama se ha esforzado por resolver, a pesar de todos los obstáculos interpuestos por sus oponentes republicanos, empecinados en proteger las capas más adineradas en contra de los intereses de las clases medias y los trabajadores, políticas rechazadas hasta por muy ricos empresarios que comprenden la insensibilidad e insensatez de esos propósitos.
Poco sentido tiene también mencionar un supuesto debilitamiento militar, cuando la actual administración de forma inteligente ha procurado fortalecer la democracia en el Medio Oriente, frente a los errores cometidos por los Republicanos con las actuaciones erradas en Afganistán e Irak, que durante su mandato Obama ha tratado de resolver.
En cuanto a que la imagen de Estados Unidos se ha perjudicado, el señor Caín debería conocer que en las encuestas realizadas anualmente por el Latino-barómetro, prestigioso centro de estudios de la opinión pública en el subcontinente, radicado en Chile, el líder con mayor prestigio en América Latina es Barack Obama, por encima de todos los mandatarios de la región. En Cuba, donde por razones obvias esa encuesta no se puede realizar, el presidente norteamericano es respetado y admirado, acabando con el rechazo que durante decenios se fomentó desde el poder hacia los políticos norteamericanos.
Debe alertarse al aspirante a la candidatura presidencial republicana sobre el error que está cometiendo, al pensar que congraciarse con el sector ultraconservador del exilio cubano pueda ayudar a su candidatura. Quizás pueda ganar algunos votos de ellos, pero seguramente perderá mucho entre la mayoría de nuestra comunidad en Estados Unidos que favorece terminar los odios que impiden la normalización de las relaciones. Por la cruel vía de cultivar las rencillas, prohibir los encuentros familiares y la solidaridad mediante el envío de remesas no tendrá verdaderos éxitos entre nuestros compatriotas.
Actualmente Cuba necesita los intercambios entre nuestros países, para que con el incremento de los lazos de todo tipo se faciliten los cambios, que con dificultades y limitaciones se están implantando y avance de la democracia en nuestro país.

Fuente: Cubaencuentro

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