Cambios.

Por Alejandro Ríos.
Una buena amiga de visita en Miami, procedente de Cuba, me trae noticias de la penumbra. Dice que en La Habana el tema recurrente son los infaustos espías detenidos en Estados Unidos. La efigie de las cinco cabecitas aparece en todos los medios y por las calles atormentan al agobiado transeúnte en vallas y carteles.
El diario sobrevivir, en una economía totalmente desfigurada, donde arreglar un baño puede ser a cambio de tener sexo con el albañil, según bromeaba recientemente Mariela Castro, hace muy difícil la persuasión de campañas altisonantes y aburridas.
Ahora el chivo expiatorio parece ser la prensa, como si fuera una entidad burocrática inalcanzable por las presiones del poder, y el socorrido profesor Guillermo Rodríguez Rivera escribe en una semana que debe ser cambiada, hacerla transparente, sin mencionar la maldita palabra glasnost para luego, a la siguiente, emprenderla contra la avaricia del “imperio” americano prefigurada por José Martí. Una de cal y otra de arena. Así se mueve la anulada y silente intelectualidad cubana.

El escritor Víctor Casaus, quien ostenta la dirección de una suerte de “botella” cultural en el centro Pablo de la Torriente Brau, donde se agencia viajes al extranjero y otras prebendas, visitó Nueva York y aprovechó la ocasión para alentar a los “indignados” de Wall Street y pedirle al presidente Obama el levantamiento del “bloqueo” a Cuba en nombre de la poesía. Solicitud ciertamente rocambolesca.
Los últimos artistas provenientes de Cuba que mencionaron a Las Damas de Blanco, para denostarlas, fueron el dúo Buena Fe, por entonces de gira en Miami. Luego de la muerte de Laura Pollán, el silencio entre las personas llamadas a opinar y discrepar ha sido poco menos que vergonzoso.
Tal vez esa es la libertad a la cual se refirió recientemente el actor Jorge Perugorría, desde España, siempre elaborando frases en la distancia. La emprendió contra la incapacidad de la prensa cubana, cifró esperanzas, otra vez, en los cambios de Raúl Castro y dijo que los creadores artísticos se movían libremente.
Será que la policía tiene la libertad de detener e intimidar con cierta brutalidad a El Sexto, artista del graffiti, antes de soltarlo no sin antes hacerle duras advertencias sobre su “peligrosidad” o que la esposa del actor Tony Cortés, “hospedada” en Villa Marista, purga la pena de su esposo por haber reflejado en cierta serie de televisión una Cuba rota en pedazos. Seguro que el protagonista de Fresa y chocolate se refería al escritor Angel Santisteban, responsable del blog Los hijos que nadie quiso, marginado y reprimido al extremo en su propio país por resistirse a comulgar con la ideología imperante, no obstante haber ganado hasta el Premio Casa de las Américas.
¿Dónde está la prensa “transformada”, que todos alientan en la isla, dando cuenta de estos y otros atropellos? El país se encanalla en su indigencia. Está inmerso en la inmovilidad y complicidad que antecede las grandes tragedias.

Fuente: El Nuevo Herald

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: