Cuba imita a Irán en la censura de cineastas.

Por Manuel Zayas.
El filme Memorias del desarrollo, del cineasta Miguel Coyula, fue retirado a última hora del Festival de Cine Latinoamericano de Beirut, Líbano, a instancias de la Embajada cubana allí. La representación diplomática de la Isla puso de excusa que la cinta “no era cubana”, porque “no estaba producida por el ICAIC (Instituto Oficial de Cine)”.
Organizado por el Instituto Cervantes, de España, el II Festival de Cine Latinoamericano de Beirut se celebró entre los días 1 y 7 noviembre pasado. Memorias del desarrollo estaba programada para el 2 de noviembre. En su lugar, se proyectó la película Tres veces dos (2003), de Esteban Insausti, Léster Hamlet y Pavel Giroud, una producción del ICAIC.
El cineasta Miguel Coyula, graduado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y residente en Nueva York, llegó a pedir disculpas públicas por la retirada de su película.
“Disculpas para aquellos que esperaban ver Memorias del desarrollo. El Festival retiró el filme de su programa a último minuto, debido a presiones de la Embajada cubana”, escribió Coyula en la página TimeOutBeirut, que anunciaba el evento.

“De más está decir que nuestra embajada en el Líbano debería trasladarse al siglo XXI, conectarse un poco más con las corrientes actuales de pensamiento, enterarse un poco siquiera de qué es la cultura hoy en día, y sobre todo (esto sería un tema que no les corresponde solo a ellos) acabar de entender que todos los cubanos, no importa el lugar donde se encuentren, siguen siendo cubanos”, comentó el crítico Gustavo Arcos, profesor del Instituto Superior de Arte, de La Habana.
“Memorias del desarrollo es una película íntegramente cubana, aunque el ICAIC no participe en su realización. Su director es cubano, su tema, el guión, los actores y muchos de los sets y espacios son cubanos, pero sobre todo es una de las obras cinematográficas que utilizando un lenguaje contemporáneo, se pregunta, como pocas de las realizadas por el ICAIC, quiénes somos y cuál será nuestro destino”, aseguró Arcos.
El embajador de Cuba en el Líbano, Manuel Serrano Acosta, fue el responsable de la retirada de Memorias del desarrollo del Festival, y de la inclusión de Tres veces dos, filme que él mismo presentó y que fue “acogido favorablemente por el público presente, integrado mayormente por estudiantes universitarios, miembros de las asociaciones solidarias con Cuba y cuerpo diplomático”, según una nota de la Embajada en Beirut.
“La película de Miguel Coyula no fue aceptada en concurso en el pasado Festival de Cine Latinoamericano (de La Habana), se incluyó dentro del panorama, con lo que se evitaba darle divulgación”, escribió Regina Coyula, autora del blog Mala Letra y familia del cineasta.
“Para los que no lo sepan, ya venía con el premio a la mejor cinta en el Havana Film Festival en Nueva York, pero eso no le sirvió. El protagonista en general y algunas escenas en particular hicieron de la película una pieza políticamente incorrecta. Incluso hubo objeciones a que Memorias… concursara en la 10ma. Muestra de cine joven, pero (el cineasta) Fernando Pérez como presidente hizo valer su prestigio y la incluyó”, aseguró Regina Coyula.
Memorias del desarrollo narra la historia de un intelectual cubano que abandona la revolución y el subdesarrollo y encuentra que no encaja en su nueva vida en Estados Unidos. El filme retrata la alienación de un individuo, que no puede pertenencer a ninguna sociedad.
Con guión del escritor cubano Edmundo Desnoes, autor también del clásico Memorias del subdesarrollo, dirigido en 1968 por Tomás Gutiérrez Alea, el filme de Coyula ha cosechado 18 premios en festivales internacionales, entre los que destacan la Biznaga de Plata del Festival de Cine de Málaga, y el Premio de Cine Latino del Independent Film Festival, de Washington DC.
En Cuba recibió varios premios como el de Mejor Película en la pasada Muestra de Jóvenes Realizadores del ICAIC, y fue seleccionada por la Asociación Cubana de Prensa Cinematográfica entre las 10 mejores películas cubanas del año. Asimismo, fue elegida por el International Film Guide como la Mejor Película Cubana del 2011.
Cuba tras los pasos de Irán
Las presiones de la Embajada de Cuba con respecto a Memorias del desarrollo se asemejan a la censura puesta en práctica por el régimen iraní en el reciente Festival Internacional de Cine de Beirut, celebrado entre el 5 y 13 de octubre último.
A instancias de la representación diplomática de la República Islámica en el Líbano, fueron censurados dos documentales: Rojo, Blanco y Verde, de Nader Davudi, y Green Days,de la realizadora Hana Makhmalbaf. Ambos filmes iraníes relataban la violencia desatada en su país a raíz de las protestas por la polémica reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad, en junio de 2009.
Igualmente, el régimen de los ayatolás condenó en octubre a la actriz Marzieh Vafamehr a un año de cárcel, y a 90 latigazos (anulados tras una apelación suya) por su participación en el filme Mi Teherán a subasta, de la realizadora Granaz Moussavi. La actriz iraní fue puesta en libertad después de tres semanas encarcelada por su “conducta contraria a la sharía”.
El caso más notorio de censura en Irán es el de Jafar Panahi, cineasta que fue encarcelado en 2010 junto a su familia por realizar una película sobre la revolución verde. Actualmente en prisión domiciliaria, Panahi, director de filmes reconocidos internacionalmente como El globo blanco (1995) y El círculo (2000), afronta una sentencia de 6 años de cárcel, 20 años de inhabilitación para filmar películas y la prohibición de salir del país.
Llama la atención el silencio de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y del Comité de Cineastas de América Latina, instituciones afines al gobierno cubano y al venezolano, aliados de Irán, en no condenar los constantes atropellos contra los cineastas en aquel país islámico.
Recientemente, el ICAIC intentó boicotear la exhibición de filmes del cineasta Nicolás Guillén Landrián (1938-2003) en el pasado Festival Internacional de Documentales de Yamagata, Japón.
La Cinemateca de Cuba, adscrita a ese organismo estatal, comunicó a los organizadores del festival japonés que “no poseía copias” de los filmes de Guillén Landrián, cineasta que fue sometido a electroshocks y a la más férrea censura, cárcel y atropellos mientras vivió en la Isla hasta su exilio en 1989.
Por fortuna, el ICAIC no puede ejercer hoy la censura que practicó en el pasado sobre este cineasta maldito y, gracias a la existencia de copias digitales fuera del país, fue posible la proyección de esos filmes en el festival japonés, dentro de una muestra bastante amplia de documentales cubanos.

Fuente: Diario de Cuba

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