Audaz escape en una botella de ron.

Tras los cristales ahumados de un lujoso Mercedes Benz que rueda sereno por la quinta avenida de Miramar, mientras recorre una ciudad plagada de anuncios de Ron Havana Club, Cerveza Cristal y Aguardiente Santero, quizás Raúl Castro vaya pensando en las delicias de un vodka helado con jugo de naranjas, pero nadie sabe si conoce los estragos que el alcohol está haciendo en la población cubana. Reportes de la prensa oficial dan cuenta de un desmesurado consumo de bebidas alcohólicas en Cuba. Describen el fenómeno como un flagelo que azota a todos los estratos poblacionales, incluyendo a menores de edad pero no abordan las causas que lo provocan.
Beber en Cuba se hizo desde la añeja época en que los bucaneros perseguían a desalmados piratas en el Caribe y los esclavos celebraban a sus orishas en los barracones, pero emborracharse siempre fue práctica de baja estofa.

“La gente bebe en Cuba, porque en Cuba no existe el derecho a la felicidad”, ha afirmado el periodista independiente Juan González Febles.
“La gente bebe, quizás, por cierto vacío existencial, cierta falta de función social: una manera de no pensar mucho, aunque pudiera formar parte también de una costumbre”, ha razonado el escritor Orlando Luis Pardo Lazo.
“Alguien que dedique el 80% de sus ingresos a comer, deba pedir permiso para vender un auto que es suyo, pagar por una casa que le dicen que es suya y que luego de pagada, si se va del país o se muere o cualquier cosa, no la puede dejar en herencia y sus hijos tienen que volverla a pagar, tiene que beber”, ha agregado Febles.
“Es que uno vive en el espacio más anómalo y más irrespirable que se pueda concebir”. Puntualizó González Febles. “Por eso la gente bebe en Cuba, porque no puede ni respirar con tranquilidad, porque no puede ni soñar con buscar la felicidad”.
“El alcohol viene a ser como un catalizador del diálogo que nos falta. Es como si se hiciera necesario para tener el valor de comunicarnos, de mirarnos a la cara ante el cúmulo de frustraciones, de ausencia de alternativas” ha reflexionado Pardo Lazo.
“Únicamente loco o borracho se soporta esto, a esta gente, y los que no se han salvado con la sublime locura, se emborrachan”, ha concluido González Febles.
Sin embargo, en el documental Havana Glue de la realizadora Lupe Alfonso, el pintor cubano Eduardo Roca Salazar (Choco), ha dicho que para combatir el alcoholismo se debe escuchar más a los padres, los maestros, los grandes hombres de la nación.
Escuche: Opiniones de Juan González Febles.
Escuche: Reflexiones de Orlando Luis Pardo Lazo.

Fuente: martinoticias.com

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