Indignados con causa.

Por Oscar Espinosa Chepe.
El proceso de continuas manifestaciones de protesta contra la crisis económica y sus nefastas consecuencias para los pueblos, en especial para los jóvenes y las clases medias, se ha venido extendiendo por todo el planeta. Se inició con los Indignados, el pasado 15 de mayo en la Puerta del Sol, Madrid, y fructificó el 17 de septiembre con Occupy Wall Street en Nueva York. Su punto culminante fue el 15 de octubre con concentraciones en 951 ciudades de 82 países. Este movimiento social, con características globales, exige sociedades más democráticas y representativas, una repartición más equitativa de las riqueza. Representa además una protesta por las consecuencias de la crisis y las medidas adoptadas por los gobiernos para combatirlas, basadas fundamentalmente en recortes en los gastos sociales y la disminución de conquistas populares obtenidas en el pasado, descargando el mayor peso de la crisis sobre los sectores más vulnerables de la sociedad.
En estos momentos, el desempleo alcanza niveles extraordinariamente altos del 10 % como promedio en Europa, el 21 % en España y el 15 % en Grecia, y ronda el 9 % en Estados Unidos.

En esta nación, determinante para el equilibrio económico del planeta, los ingresos familiares medios —ajustados a la inflación— disminuyeron en 6,4%, de US$ 52.823 a US$ 49.445, en el período 2007-2010, según información reciente del US Census Bureau. Añade que para las personas comprendidas entre las edades de 15- 24 años la reducción de los ingresos fue del 15,3 %. Sobran los motivos para que haya tantos jóvenes en las manifestaciones de los indignados estadounidenses.
Mientras esta situación ocurre, muchos sectores conservadores norteamericanos se niegan a permitir el incremento de los impuestos a los más acaudalados —cuando en estos tiempos de crisis muchas corporaciones aumentan las ganancias financieras— y persisten en bloquear todas las iniciativas del presidente Barack Obama para elevar los niveles de ocupación y así aumentar la demanda efectiva, única vía para salir del estancamiento. Esto crea una delicada situación que podría desembocar en una nueva recesión en condiciones más severas que la ocurrida en 2008.
Las medidas para crear las condiciones favorables a la recuperación económica indudablemente demandan recortes en gastos presupuestarios, pero también requieren aumentos de los impuestos a los sectores adinerados de la sociedad. Este criterio es compartido por muchos multimillonarios norteamericanos y europeos, como Warren Buffet, conscientes de la necesidad de disponer de niveles sensatos de repartición de las riquezas para estimular la demanda y preservar el equilibrio social en un mundo globalizado más complejo, donde los excesos corporativos serán cada día mas inadmisibles.
Por supuesto, estos movimientos de los Indignados no tienen ninguna relación con la “revolución mundial” alentada desde La Habana y otros centros totalitarios, o aquellos que con su sed de poder absoluto van por ese camino, conduciendo a sus pueblos hacia la precariedad mediante la tiranía. Ahora se exige mayor democracia y respeto a los intereses de los jóvenes, trabajadores y clases medias, que es lo que más escasea en Cuba, Corea del Norte y otros países. En modo alguno los Indignados demandan racionamiento de alimentos, salarios equivalentes a 18 dólares mensuales, la destrucción de las económicas nacionales y una vida menesterosa como la existente en la Isla. Por supuesto, tampoco están en contra de la propiedad privada y la economía de mercado, resortes que han contribuido al desarrollo de la Humanidad, sino reclaman en las nuevas circunstancias de globalización y de superiores posibilidades tecnológicas, una vida más plena para todos los habitantes del planeta.
Piden que se imparta mayor justicia en las relaciones económicas a la vez que más equidad social. Esto puede lograrse, si se imponen medidas regulatorias que marquen correctamente los límites de las ambiciones personales, y se forjen sociedades donde todos los ciudadanos tengan oportunidades para progresar y disfrutar de una vida digna en un marco democrático. Para ello deben abandonarse las erradas concepciones ultra neoliberales, que con la disfuncional idea de que los mercados pueden siempre auto regularse, han sido un factor determinante en el advenimiento de los actuales problemas económicos mundiales. Tanto los esquemas favorecedores de un incontrolado mercado, como los implantados para establecer rígidos sistemas centralizadores y burocráticos han resultado ser recetas fallidas, cuyos dogmas y posiciones extremas, aunque de origen distinto, siempre terminan en el fracaso.
En un marco regulado, hoy como nunca antes podrían abrirse enormes perspectivas de bienestar generalizado para el género humano. Posibilidades que en otras épocas hubieran significado vacías utopías, con el desarrollo actual del potencial científico-técnico y productivo son logrables.
Podría afirmarse que muchos países han avanzado enormemente en ese camino, fundamentalmente en el norte de Europa, donde se trabaja en pos de nuevos mecanismos de distribución de la riqueza, que a la vez de reconocerse el papel extraordinariamente importante del capital, el trabajador puede disfrutar de los beneficios de las empresas de manera proporcional, con la activa participación de direcciones sindicales elegidas democráticamente.
La globalización también tendrá que considerarse en esta nueva arquitectura social. Hoy es imposible limitarse a la aplicación de regulaciones económicas en países e incluso en bloques económicos de forma aislada, debido al intenso proceso de interacción existente en el planeta. Las regulaciones sobre el capital, el trabajo y otros muchos aspectos de la vida de la Humanidad tendrán que adoptarse internacionalmente, teniendo en consideración las asimetrías existentes entre los países, para que puedan funcionar. Al mismo tiempo no pueden continuar las políticas de soslayar los problemas de desajustes políticos y estructuras prevalecientes en determinadas naciones e incluso regiones, donde el hambre, las enfermedades y los abusos de poder se enseñorean.
Conceptos como soberanía e independencia nacional tendrán que reformarse para que dejen de constituir coartadas, justificadoras de abusos y atropellos. Fenómenos, que en última instancia, por distintas vías, luego se reflejan en las demás áreas del planeta, a través de la exportación de la violencia, la emigración descontrolada, las drogas y otros males.
El movimiento de los Indignados, con sus acampadas y manifestaciones por lo general pacíficas, podría ser un factor de cambio en un mundo que transita a otra etapa de desarrollo, cuando existen condiciones para poder materializar un importante acercamiento a muchos de los sueños de fraternidad que durante siglos han alentado a los seres humanos.

Fuente: Cubaencuentro

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