Entrampado en el pasado (II)

Por Oscar Espinosa Chepe.
Resulta una ironía que a estas alturas, después de tantas persecuciones y calumnias sobre el trabajo independiente, de acuerdo al Punto 45 de la Sección II del Proyecto de Documento Base, se quiera “perfeccionar la atención política a los que desempeñan diversas modalidades de gestión económica no estatal y combatir los prejuicios existentes en torno a ellos”. Habría que preguntar por qué en 1968 se llevó a cabo la Ofensiva Revolucionaria, que destruyó todo el tejido económico del país. ¿Por qué el partido no hace una honesta crítica por el enorme error y se condena a quienes impusieron esa barbaridad?
Sorprende ahora el repentino deseo, Punto 52, de “reforzar la preparación de la familia y su responsabilidad primordial con la educación de los hijos”, cuando durante decenios se envió los muchachos obligatoriamente a las escuelas en el campo, separados de sus padres, no siempre con las mejores condiciones de vida. Esto sin soslayar las carencias habituales en la sociedad, particularmente de viviendas, poco propicias para el desarrollo sano de la familia y la educación de los hijos.

Asimismo, llama la atención el repentino deseo contenido en el Punto 53 de “potenciar el amor al trabajo como uno de los valores fundamentales, así como a la educación cívica, moral y estética”, cuando con el salario medio mensual, equivalente a 18 dólares, no se puede vivir y cuando para alcanzar puestos en el turismo y empresas extranjeras —donde se perciben mejores ingresos— hay que practicar la doble moral y fingir apoyo al Gobierno.
En el Punto 54 se habla de “enfrentar los prejuicios raciales, de género, ante creencias religiosas, orientación sexual y otros que puedan originar cualquier forma de discriminación o limitar el ejercicio de los derechos de las personas, entre ellos los de ocupar cargos públicos…”. Pero se sabe que cualquier opinión que se aparte un ápice de la línea trazada por el partido comunista impide progresar y ocupar cargos públicos.
En el Punto 62 se reitera la necesidad de “desarrollar y hacer un mayor uso de las investigaciones sociales y los estudios socio-políticos y de opinión en todos los ámbitos y sectores de la vida del país”. A esto se une en el Punto 66 el llamado a suprimir “…las nocivas manifestaciones del secretismo”. Por lo absurdo y contradictorio de este planteamiento y teniendo en consideración el ambiente de falsedad y ocultamiento informativo prevaleciente, no vale la pena comentarlo.
Respecto al Punto 68 se establece “garantizar que los cuadros se caractericen… (por asumir) los principios consagrados en la Constitución de la Republica y la política del Partido, sean o no militantes del PCC o de la UJC”. Con ello se ratifica la tradicional política clientelista y la obligación de los ciudadanos a someterse al dictado del partido para progresar en Cuba.
En el Punto 71 se habla de “limitar a un máximo de dos períodos consecutivos de 5 años el desempeño de los cargos políticos y estatales fundamentales”. No obstante, en el Punto 77 se deja claro el requerimiento de “…implementar vías que posibiliten su reubicación (de los cuadros) cuando concluyan su labor profesional en las organizaciones políticas y de masas o en cargos electivos del Gobierno”, lo cual significa que los cargos del PCC se seguirán reciclando. Esto confirma el viejo apotegma de que los cuadros al caer, reflotan como el corcho.
Por último, en la Sección IV: Relaciones del Partido con la UJC y las organizaciones de masa, se repiten desgastadas concepciones que ratifican que solo son correas de transmisión de las decisiones tomadas en los altos niveles del partido comunista para su cumplimiento por los jóvenes, trabajadores, campesinos y el pueblo en general, o sea meros instrumentos para la ejecución de los designios del totalitarismo.
Resulta lamentable que la dirección del partido se niegue a reconocer el fracaso del PCC y el advenimiento de una época que demanda, más que nunca, la tolerancia y el pluralismo como instrumentos de avance y desarrollo humano. Si el partido honestamente reconociera los enormes errores cometidos y desistiera de su irracional obsesión por el monopolio del poder, podría convertirse en una verdadera organización de la izquierda democrática, como en otros países. Un giro político que seguramente sería apoyado por un sector importante de la organización y de la mayoría absoluta de los cubanos que al mismo tiempo que desean una sociedad democrática donde sean respetados sus derechos, también aspiran a la equidad y la existencia de oportunidades para todos los ciudadanos.
Podrían hacerse comentarios adicionales sobre el Proyecto de Documento Base, pero su vacuidad y carencia de originalidad hacen innecesaria esa labor. Si algo muestra este documento es la ausencia de concepciones claras y definidas sobre el futuro del partido en la cúpula dirigente. Esto podría explicar el porqué del inmovilismo existente en la gestión del país, cuando los problemas se acumulan y las probabilidades de una catástrofe de dimensiones colosales no dejan de crecer.

Fuente: Cubaencuentro

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