De veterano de guerra a opositor pacífico.

Por Luis Felipe Rojas.
Salió muy joven de su casa a combatir angolanos que disentían del régimen que los gobernaba. Regresó como un héroe, con tres medallas de calamina en el pecho (Internacionalista de Segunda Clase,  por la Victoria Cuba-RPA y la de Servicio Distinguido). Después se quedó sin empleo porque reprodujo una frase del imaginario popular que se burlaba de Fidel Castro y su camarilla. Ahí comenzó su verdadera guerra. Marginado de la vida social cubana, atravesó varios obstáculos hasta convertirse en un disidente público. De estos temas Eliecer Palma Pupo quiso hablar con DIARIO DE CUBA
¿Dónde estuviste en Angola, qué fuiste a hacer, qué hiciste allí?
Me fui en el año 1987, con 18 años de edad. Me destacaron en un lugar llamado Matala, en el sur de Angola. Después me llevaron a Lubango, provincia de Huila. Fui chofer de un Teniente Coronel de las Tropas Radiotécnicas de todo el sur de Angola; este militar luego fue destituido aquí en Cuba por asuntos de faldas, que es algo muy común en las fuerzas armadas cubanas. Yo no participé en ningún combate, pero estuve en el frente y vi los horrores de la guerra. Perdí un amigo, alguien de mi pueblo. Como muchos cubanos que participaron en esa guerra, yo fui pensando que iba a hacer algo justo, fui a meterme en algo que no debía.

En 1996 me hicieron militante del Partido Comunista de Cuba. Y dos años después, precisamente un 24 de febrero, que es una fecha significativa para tantos cubanos, fui expulsado de mi puesto de trabajo y de esa organización política. Me mandaron a la calle, como un apestado.
¿Cuáles fueron las causas del despido? ¿Qué sucedió después?
Trabajaba en el Complejo Agro-Industiral “Urbano Noris”, en San Germán, Holguín. Copié en un papel una frase, un chiste que era como una pregunta a Fidel de cuándo comeríamos camarones y tomaríamos cerveza, pero consistía en que llevaba catorce letras “c”, que a su vez coinciden con el apellido del gobernante cubano. Eso fue todo. La policía política cubana se encargó de lo demás. El entonces Primer Teniente Frank González me citó mediante el director de la fábrica de azúcar y me acusaron de animar el diversionismo ideológico y, por tanto, determinaron dejarme cesante como Jefe de Aseguramiento del ingenio azucarero.
El hoy Mayor Rodolfo Cepena se ocupó de la persecución posterior. Fui despedido ocho veces de centros de trabajo. Adonde quiera que iba me decían que era un desafecto de la Revolución, que no podía administrar recursos del Estado. Incluso en la cooperativa “Héroes del Moncada”, en 2006, la Jefa de la Fiscalía Municipal, la señora Maricelis Olivera, se puso de parte de la Seguridad del Estado y ordenó violar el reglamento interno de la cooperativa. Entonces volví a quedar fuera del trabajo, porque ella presionó a los que estaban a mi favor, exponiendo que mi conducta contraria a la Revolución afectaba al colectivo de trabajadores.
Fuiste miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), ¿Qué puedes contarnos de esa asociación?
La ACRC es una organización en donde te incluyes por ser veterano de guerra y nada debiera de excluirte de esa condición, pero yo fui expulsado de ella. De ahí que me he “perdido” los posibles beneficios que eso me traería, alguna prebenda, como que me vendieran algunos alimentos a precios diferenciados o que me eximieran de algunas deudas por esos equipos electrodomésticos que ahora les han vendido a todos los cubanos.
Por lo demás, me libré de pagar diez pesos por ser asociado, reuniones y otros compromisos a los que someten a esta gente. Cualquiera sabe que a estos llamados “combatientes” no les prestan la más mínima atención.
Te incorporaste a la disidencia de manera activa, hace poco se te vio en la Marcha Nacional por la Libertad de Cuba, en Baracoa. ¿Estás conciente de lo que acabas de hacer?
Sí y lo haría mil veces más. Las autoridades me empujaron a ser un disidente público, porque en Cuba muchas personas están en contra del gobierno y no lo dicen, o la policía política no se entera. Ahora tengo un compromiso con los métodos pacíficos de protesta social, de enfrentarme al régimen y no pienso ceder por muchas presiones que me impongan. Ya me he enfrentado a detenciones arbitrarias, a que rodeen mi casa para que no participe en lo que hace la oposición, pero ya di un paso adelante y no pienso ceder. Quiero ver a Cuba libre y sé a lo que me expongo —yo y mi familia— con esto.
Hay un criterio bastante generalizado de que Cuba está cambiando, ¿Están cambiando los cubanos?
El gobierno no ha cambiado en nada en cuanto a su respuesta con el pueblo cubano. Ahora hay más represión que hace unos años atrás, hay más pobreza, están despidiendo a trabajadores y dejándolos en la calle. Yo no sé donde otros ven los cambios, pero yo no los veo.
Ahora, en cuanto a los cubanos no creo que estén cambiando, el hecho de que estén criticando al gobierno en la cola del pan no quiere decir que sea un cambio. Hay  mucha gente con miedo. Hasta el régimen está alerta por lo que pueda pasar. El descontento popular, la poca credibilidad, el aumento de la misma represión: todo eso es parte de que algo se mueve, pero todavía no se ve un cambio real.

Fuente: Diario de Cuba

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