¿Cuál bloqueo tiene la culpa?

Por Miriam Leiva.
Los bloques de barro invaden Bayamo, porque la población no los compra a pesar de la gran necesidad de ellos para construir viviendas ligeras, en un terreno inestable y poco firme, para mitigar la gran carencia de moradas. En el amplio artículo “Producción de bloques de barro. Situación para ponerse a pensar”, del periódico Granma publicado el 18 de octubre, se describe la acumulación de 826 mil bloques de barro, el 53% del más de millón y medio producidos entre enero y septiembre pasados en la fábrica conocida como Cerámica Roja.
Esa Unidad Empresarial de Base de Elementos de Hormigón y Barro está situada en Granma, una de las 5 provincias orientales, donde existe gran deterioro en las edificaciones mayoritariamente muy antiguas y de madera, y nuevas demandas por el aumento de la población en los pasados 52 años. Además, los huracanes han sido devastadores, en particular los ocurridos en 2008 con grandes daños en la región, cuando el gobierno se negó a recibir la mayor parte de las donaciones internacionales ofrecidas, al proclamarse autosuficiente, sin que entregara ni vendiera a la población los materiales de construcción para reparar o reponer las pérdidas totales.

Sin embargo, entre el alivio a las prohibiciones anunciado por Raúl Castro estuvo la concesión de permisos para la reparación y ampliación de viviendas. Posiblemente esa sea la causa de que en Bayamo se prefiera “levantar un segundo o tercer piso”, como se aduce en el mencionado artículo para argumentar la necesidad de los boques de barro más ligeros que los de hormigón. Parece una solución lógica a la ampliación del reducido espacio compartido quizás por varias generaciones de la familia en la vivienda de los abuelos, ya que resulta casi imposible obtener un permiso para adquirir un terreno y otro para construir en él, y si se lograra, no se dispondría de capital suficiente para acometer la obra en un plazo prudencial.
Resulta un contrasentido que haya casi una ilimitada demanda y mucha producción, pero los bloques de barro permanezcan aglomerados en los alrededores de la planta. Incluso que se prefiera adquirir los de hormigón, a pesar de ser más pesados. Sencillamente, un bloque de barro grande cuesta 22 pesos, mientras el de hormigón vale 5 pesos. Recientemente, el gobierno aprobó la “venta liberada” de materiales de construcción, por lo que de los dos millones de unidades fabricadas en Bayamo, se supuso que el Ministerio de Comercio Interior asumiría 1 400 000 para vender a la población en los “puntos de venta liberada”, pero muy poco o nada se ha vendido al amparo de los nuevos precios, señala el artículo.
Los bloques de barro continuaron sorprendiéndonos al aparecer montañas de ellos, en el Noticiero de Television del mediodía el 19 de octubre. Pero no eran bayameses, sino de la Fábrica Antonio Suárez del Combinado de Elementos Aligerados de Camagüey. Se han acumulado a niveles críticos, alarmantes, fundamentalmente en el curso de los últimos 4 meses debido a que no ‘tienen salida’ en las tiendas por el aumento de los precios, según explicó el director. Más de 120 000 auguran que si persiste la situación, tendrán que paralizar la producción, ya disminuida considerablemente. Un trabajador se refirió a los daños económicos, que repercuten en menos salarios y algunos beneficios que deberían recibir los obreros por cumplir o sobre cumplir la producción. Son los llamados estímulos, en realidad concebidos para compensar los muy bajos salarios. Según explicaron, ante la crisis parece que la Empresa decidirá sustituir el barro por el hormigón, cuyos bloques tienen mejor venta.
La historia de los precios aparece por todos lados, se trate de implementos deficitarios para los trabajos en la agricultura, productos agropecuarios con menor calidad o envejeciendo, así como materiales de construcción en La Habana y otras zonas del país. Tanto en los periódicos como en la televisión y la radio se exponen reportajes sobre esos problemas. Al parecer se trata de demostrar una apertura en la información y que la población haga catarsis, liberando sus quejas con la vaga esperanza de que mejore la oferta y disminuyan los precios. Ciertamente han existido casos tan abrumadores, como los instrumentos para laborar en las tierras entregadas en usufructo, que se han rebajado, causando la sospecha de que no solo hubo incompetencia, sino también ambición de exprimirle los bolsillos al pueblo, que los tiene más bien vacíos.
Los precios se fijan arbitrariamente desde los niveles superiores, sin participación de los empresarios, conocedores de sus planes y costos de producción, que tendrían que evitar pérdidas y lograr ganancias mediante el ajuste de toda la cadena productiva, teniendo en cuenta la demanda local y procurando mercado en otros territorios, donde seguramente escasean sus productos. De tal forma también se complementarían mediante el flujo natural de oferta y demanda como ha ocurrido en el mercado desde épocas ancestrales, así como beneficiarían al pueblo.

Fuente: Cubanet

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