Creer o no creer, esa es la cuestión.

Por Reinaldo Escobar.
A finales de 1969, un amigo me dijo que se había dado un plazo para seguir creyendo en “esto”, hasta ver lo que ocurriría al concluir la zafra de los 10 millones. Pospuso entonces su decisión y aguardó por los resultados del Primer Congreso del Partido. En su infinita generosidad —y con su inquebrantable paciencia— quiso creer en el Programa lanzado en el Tercer Congreso y poco después en el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas de abril de 1986. Luego me contó que había dicho todo lo que pensaba en aquellas asambleas abiertas previas a la cita partidista de 1991.
Lo perdí de vista hasta el viernes pasado, cuando coincidimos en el quiosco donde estaban vendiendo el proyecto de Documento Base para la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba. Cuando había adquirido dos ejemplares del folleto, le pregunté: “¿Tú crees que ahora sí?”. Me respondió con una sonrisa triste, mientras murmuraba “vamos a ver”.

Los optimistas que habían dado otro plazo a nuestros gobernantes podrán encontrar señales positivas ya desde la propia introducción del documento. Especialmente en el punto 1.5, donde se habla de “abrir cauce a legítimas aspiraciones individuales y colectivas; y enfrentar prejuicios y discriminaciones de todo tipo que aún persisten en el seno de la sociedad”.
Sonreirán satisfechos al leer el inciso 1.8 donde, se plantea que “debe estimularse un clima de máxima confianza y crearse las condiciones necesarias a todos los niveles para el más amplio y sincero intercambio de opiniones, tanto en el seno del partido como en su relación con los trabajadores y el pueblo. Esto permitiría en un marco de respeto y compromiso, la expresión de ideas y conceptos diversos, de modo que las discrepancias se asuman como algo natural”.
Y habrá hasta quienes salten de alegría cuando lean el punto 12, donde se aclara que se debe propiciar un adecuado ambiente de trabajo “que facilite y promueva el respeto y la confianza como premisas para dialogar, debatir, criticar y asegurar un estilo cada vez más participativo y democrático en la toma de decisiones”.
Mi confiado amigo se sentirá contento cuando llegue al punto 54, que expresa la necesidad de “Enfrentar los prejuicios raciales, de género, ante creencias religiosas, orientación sexual y otros que puedan originar cualquier forma de discriminación o limitar el ejercicio de los derechos de las personas, entre ellos los de ocupar cargos públicos, participar en las organizaciones políticas, de masas y en la defensa de la Patria”.
Y cuando pase por los puntos 65, 66 y 67, que se refieren al trabajo de los medios, leerá que existe el propósito de reflejar la realidad cubana en toda su diversidad en cuanto a la situación económica, laboral y social, género, color de la piel, creencias religiosas, orientación sexual y origen territorial; comunicar los problemas, dificultades y adversidades, “suprimiendo las nocivas manifestaciones de secretismo”; y que estos sean una plataforma eficaz de expresión para la cultura y el debate y se desarrolle un tipo de periodismo que permita desterrar la autocensura, la mediocridad, el lenguaje burocrático y edulcorado, el facilismo, la retórica, el triunfalismo y la banalidad.
Le dará un vuelco el corazón cuando vea reflejada aquella propuesta que él mismo hizo una vez en las asambleas previas al Cuarto Congreso —entonces fue mirada con recelo— y ahora volcada en el punto 71, donde se plantea con toda claridad que habrá que “Limitar a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años el desempeño de los cargos políticos y estatales fundamentales”, y finalmente notará que existe la intención de que la relación del Partido con las organizaciones de masa “se desarrolle sin formalismo, y se retroalimente de forma permanente con los intereses, criterios y propuestas de sus miembros sobre temas trascendentes y de prioridad nacional”.
En una segunda lectura, más sosegada, comprobará que “el Partido Comunista de Cuba, marxista, leninista y martiano”, sigue autoproclamando su condición de Partido único de la nación cubana, y que el afán de fortalecer la unidad nacional descansa sobre la base de que “Patria, Revolución y Socialismo están fusionados indisolublemente”.
Se dará cuenta de que las ineficiencias expuestas se reducen a asuntos relacionados con desviaciones de la conducta, dignas de ser tratadas guiándose por uno de esos libritos de autoayuda, como son las alusiones a la superficialidad, falta de creatividad, de responsabilidad o de exigencia; poseer una mentalidad atada a dogmas y criterios obsoletos, formalismo o inflexibilidad.
Se percatará de que los problemas se reducen también a temas de sencilla solución para un especialista en organización del trabajo empresarial, como son las menciones a métodos anticuados, reuniones excesivamente extensas, involucración en tareas ajenas al perfil ocupacional, insuficiencias en el ejercicio de las funciones y atribuciones propias, escaso rigor y falta de previsión en la política de cuadros, burocratismo, negligencia, etc.
Ya a la altura de los puntos donde se insinúan las soluciones, verá que cada párrafo comienza con un verbo en infinitivo, donde se observa que unos cuarenta de ellos son portadores del espíritu conservador del tipo de “mantener, continuar, perfeccionar o fortalecer”, entre otros; en tanto que los que introducen novedades, como “fomentar, cultivar, promover”, llegan a 35 y solo 9 son radicales, del tipo de “erradicar, enfrentar o exigir”.
El buenazo de mi amigo se preguntará que si eso de “trabajar especialmente en la conceptualización de los fundamentos teóricos del modelo económico cubano” significa que los lineamientos aprobados en el Sexto Congreso carecían de una base teórica fundamentada en sólidos conceptos. Entonces hará una tercera lectura, esta vez inquisitiva, y se dará cuenta de que en todos los párrafos donde se expresaba tolerancia a la diversidad, faltaba la indicación de que la diversidad política tendrá que ser aceptada también como algo natural, y que no habrá sociedad libre ni soberana, ni cauces abiertos a legítimas aspiraciones individuales y colectivas si no se respetan esos elementales derechos de expresión, asociación y libre movimiento, cuyo reclamo implica hoy en Cuba el riesgo de ser detenido, secuestrado y encauzado por leyes represivas.

Fuente: Diario de Cuba

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