Arbitrariedades migratorias: otro mecanismo de castigo.

Por Lizandra Díaz Blanco.
Para muchos jóvenes en Cuba la elección de carrera debe cumplir un requisito indispensable: que no impida la salida del país, porque la aspiración de buscar nuevos horizontes es un sueño común de la juventud, reforzado en la isla por las arbitrarias leyes migratorias. Viajar es la fruta prohibida, y así como Adán y Eva no pudieron evitar darle una mordida, las nuevas generaciones en la isla no pueden ni quieren cerrar los ojos a la oportunidad de viajar y tal vez residir en el extranjero como método más factible para progresar en la vida.
Especialidades de la salud y el magisterio son las primeras descartadas, porque con el título vienen aparejados 5 años por la liberación, incluso despues de haber concluido el servicio social, como modo de retribución a la tan ponderada enseñanza gratuita.
Las arbitrariedades en las leyes migratorias de la isla no conocen límites y la prueba está en la variedad de pretextos que impiden viajes de visita o con fines profesionales, sobre todo cuando esta salida escapa a los controles estatales.

Recuerdo cuando, por suerte de principiante, hace algunos años fui seleccionada por la Federación Internacional de Asociaciones Bibliotecarias para exponer un estudio en Canadá. Una de las viceministras de Cultura se negó a otorgarme el permiso de salida, aun cuando el viaje no implicaba gasto alguno para el gobierno cubano. La razón murmurada a través de la cadena de mando, llegó a mí con tono discreto y hasta apenado “era demasiado joven, no estaba graduada de bibliotecaria, y por tanto: una posible emigrante”.
La abogada Laritza Diversent aclara que arbitrariedades como esa no están contenidas en ninguna ley, “es una decisión que toma el Ministerio del Interior, llamada Facultad Discrecional. La ley 989 les da la facultad de decidir qué persona entra y qué persona sale en el caso de los que tienen la nacionalidad cubana”.
“Los cubanos cuando salen nunca pierden su ciudadanía para permitirle al Ministerio del Interior negarle la entrada a Cuba y no perder ese control de los que fueron ciudadanos”, agrega Diversent.
Otra entrevistada, maestra de profesión, quien pidió no ser identificada, temerosa aún de las represalias del régimen cubano y con la esperanza de que en esta ocasión aprueben su entrada a la isla, cuenta que “por salir en lancha, no sabe cuándo podrá regresar, pues ya ha solicitado el permiso en dos ocasiones y la respuesta ha sido un no rotundo”. Las autoridades solo agregan que en caso de desear explicaciones, la familia del solicitante debe dirigirse a la Oficina de Emigración más cercana. Pero “para qué va a hacer eso”. Ella elige como mejor método: esperar e insistir.
Quienes han salido ilegalmente de la isla o han aprovechado la oportunidad de un viaje de trabajo para emigrar, son en ocasiones sometidos a la tortura psicológica de estar a solo unos pasos de sus familias en el aeropuerto cubano, con el permiso de entrada a Cuba en sus manos, y de repente ser informados con tono intrascendente que le prohíben atravesar los límites de la aduana y que deben abordar el próximo avión de regreso a su actual país de residencia.
Entre los obstáculos más comunes están también condicionar el permiso de residencia en el extranjero (PRE) a la posición política; establecer la conservación de propiedades y residencia en la isla solo para quienes regresan a Cuba cada 11 meses o impedir la salida temporal a los menores de 18 años.
En el caso de los cubanos que viven en el exterior, quienes desean otorgar la ciudadanía cubana a sus hijos nacidos en el nuevo país de residencia, deben regresar a la isla y permanecer por varios meses.
Diversent señala además que quienes emigran hacia otros países nunca pueden desligarse de los vínculos políticos con el Estado, pero cuando regresan a Cuba por algunos días son tratados como extranjeros.
“El Estado no tiene ninguna intención de eliminar esas limitaciones a la libertad de circulación que tienen los cubanos, todo lo contrario, ha reforzado su sistema para poder no solo controlar a quien entra y que sale de Cuba, sino también para utilizarlo como un medio de castigo”, precisa la abogada.
La familia del doctor en Estomatología, Pedro Fernández, quien abandonó una misión luego de 6 años de servicio en Venezuela y 19 en Cuba, solicitó hace ya un año y cuatro meses permiso de salida ante las autoridades de Emigración, pero les ha sido negada hasta el momento, como reprimenda por “la deserción”.
“Ellos le dijeron ‘no hagan más nada hasta que pasen por lo menos tres años’, porque me catalogan como un traidor a la patria, un desertor y parece que lo están cumpliendo. La ley es verbal, es lo que dice la tiranía, nada más que eso”, cuenta el doctor Fernández.
Sobre la separación de su familia confiesa que los ha afectado mucho: “yo llevo 21 años de casado, y ya llevo separado de ellos 8 años, pero lo hice por necesidad, porque si no, tenía que trabajar en el policlínico mañana, tarde y noche, ganando 17 dólares al mes. Las misiones y el gobierno cubano han destrozado a muchas familias.”
La abogada Laritza Diversent se pregunta “cómo puede un órgano del Estado, como es el Ministerio del Interior ir contra un derecho humano”, pero su pregunta, la misma de miles de cubanos en situaciones semejantes, queda sin respuesta.
Escuche: Declaraciones de Laritza Diversent
Escuche: Declaraciones de Pedro Fernández

Fuente: martinoticias.com

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