Mujeres para el Nobel.

Por Miguel Saludes.
Tres mujeres, dos liberianas y una yemení, han sido reconocidas con el Nobel de la Paz 2011 gracias a su contribución individual en la lucha pacífica por el respeto a los derechos humanos y la integridad del ser humano en su totalidad, más allá de género, nacionalidad, religión o ideario político. Son ellas la presidenta Ellen Johnson Sirleaf, la activista pacífica Leymah Gbowee y la periodista Tawakkul Karman.
Que las dos primeras sean nacionales de Liberia es un hecho enmarcado de simbolismo, al ser ese territorio africano el que escogieran hombres liberados de la esclavitud en Estados Unidos para fundar una nación libre en el continente de donde fueron arrancados por una de las peores miserias conocidas por la Humanidad. Los ex-esclavos quisieron llevar el espíritu de libertad que conocieron contradictoriamente en la tierra donde se les impuso grilletes y fundaron el primer país independiente de África a mediados del siglo XIX. Aunque con igual justicia por la labor que les hizo acreedoras del galardón, se destacan los valores de Leymah Gbowee, llamada “guerrera de la paz” y de Tawakkul Karman la joven yemení que sus conciudadanos conocen por indistintamente de dos maneras: mujer de hierro y madre de la revolución. Bastarían esos reconocimientos populares para destacar el activismo de estas hacedoras de libertad.

A la señora Gbowee se le recordará por un gesto que hizo historia y que de cierta manera trató de repetir en Bélgica la senadora Marleen Temmerman para resolver un conflicto político que mantiene en vilo al país europeo. Liberia, inmersa en una larga y cruenta guerra civil, se encaminó por el camino de la paz gracias a la genial campaña que se atrevió a lanzar Gbowee. Privar a los hombres del sexo de sus esposas mientras mantuvieran su disputa armada fue una decisión valiente dentro de una civilización machista que considera a la mujer casi como una pertenencia sin voz, voto o papel social que no sea el trabajo, las labores domésticas y la reproducción.
Por su parte Tawakkul Karman, con solo 32 años, se convirtió en el emblema de la primavera árabe que ha logrado derrocar por métodos de acción cívica a gobiernos despóticos dominantes en diferentes países de esa región. Aunque Yemen continúa bajo control del gobernante Saleh, es indudable que su destino cambiará en un futuro próximo.
“Hemos elegido la paz, pudimos haber recurrido a la violencia en esta revolución y pudimos haberla arreglado en días y no meses si hubiéramos recurrido a nuestras armas… Pero hemos elegido la paz y solamente la paz”. Estas palabras de Karman confirman la importancia del rol, cada vez más destacado, que juegan las mujeres en el mundo actual.
Los cubanos también estamos siendo testigos del aporte vital que están dando nuestras compatriotas a la causa de la democratización. Lamentable este año todavía no vimos concretar la nominación de la representación femenina cubana al Premio Nobel. Pero la candidatura de las Damas de Blanco se mantiene vigente por el desempeño que esta agrupación sigue teniendo dentro de la sociedad cubana.
La promoción de la candidatura al Nobel para las Damas de Blanco propuesta tempranamente por una asociación de exiliadas cubanas, fue relanzada durante el 2010 durante un encuentro de varios disidentes desterrados en el hogar de Miguel Sigler Amaya. La propuesta hecha por Adrián Leiva, justo semanas antes de producirse su muerte, buscaba destacar el trabajo cívico de las féminas que rompieron barreras supuestamente inexpugnables que durante décadas sirvieron de contén social al castrismo.
No es casual que el gobierno cubano reaccionara rápidamente tildando de mercenarios y aliados del imperialismo a los que firmaron aquella petición. “Cualquier tirano y dictador se siente perturbado con este premio porque el galardón confronta la injusticia”, dijo Tawakkul Karman al conocer el veredicto de la premiación. Un trastorno que se torna más agudo si lo causa la mujer.
El ejemplo de tres mujeres que exhiben con orgullo el reconocimiento internacional por su valor puede repetirse en Cuba. No hay que perder las esperanzas de ver incluido un día el nombre de las Damas de Blanco en la lista de los distinguidos con el Nobel de la Paz. Ellas lo merecen por el diario desafío que significa enfrentar las fuerzas hostiles manipuladas para imponer el miedo. La constancia que ponen en el desempeño de la lucha cívica lleva ese heroísmo propio del alma femenina, cuya falta-como señalara Martí- deja trunca cualquier obra humana.
La irrupción en las calles de las emblemáticas vestidura blancas y las voces demandando la liberación de los presos políticos en la isla ahora se mantiene en pro de la libertad de todo un pueblo enajenado por medio siglo de aplastamiento totalitario. La reconquista del espacio público para exteriorizar las ansias reprimidas de democracia y respeto a los derechos humanos es suficiente mérito que acredita a las Damas de Blanco alcanzar un Nobel. Un digno merecimiento que enaltece a todos los cubanos.

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