Si de cambios se va a hablar comiencen por las leyes migratorias.

Por Miguel Saludes.

La negativa de una licencia que impide la presentación de John McAuliff en Cuba fue objeto de crítica en una breve nota publicada en la prensa de la Isla. El músico norteamericano estaba invitado al Festival de la cultura céltica organizado en La Habana por la Oficina del Historiador de la Ciudad, donde participarán agrupaciones de Irlanda, Canadá, España, además de las que cultivan ese género en el caimán antillano. La nota, firmada con las iniciales RC (no se sabe si Raúl Castro o el reflexivo Comandante) denunciando la denegación de los permisos a la agrupación representativa de Estados Unidos puso énfasis en un cuestionamiento ¿Por qué los dirigentes de un país que se valora como garante de las libertades en el mundo, impiden que esa libertad sea ejercida por sus ciudadanos cuando se trata de viajar a Cuba? La pregunta, de lógica aparentemente incuestionable, se vuelve contra los mismos que la formulan.
En un artículo publicado recientemente en Cubanet, el periodista independiente Luis Cino expone la situación de Jorge, un cubano emigrado en Ecuador que se encuentra en estado crítico y quiere regresar a su tierra natal. Pero las propias leyes cubanas impiden a Jorge materializar ese derecho. Cino clama por su compatriota -uno entre tantos- al que el gobierno de su propio país le impide el regreso bajo absurdas y abusivas leyes migratorias. Este absurdo violatorio y criminal, es aplicado a los nacionales que salen por cualquier motivo, pero especialmente se hace irremediable cuando la partida recibe el estatus de definitiva.

La medida castrista pone un límite de once meses a las salidas temporales, término que de ser rebasado requiere el pago de los correspondientes permisos de prórroga. Esta reglamentación se aplica de manera inmisericorde, sin entrar en consideraciones geográficas y políticas del lugar donde haya dirigido sus pasos el ciudadano cubano que sale. No importa que se trate de países gobernados por amigos y aliados ideológicos, como es el caso ecuatoriano, donde versiones extra oficiales sitúa la cifra de cubanos en el orden de los miles.
Problemas migratorios existen en todas partes de este mundo globalizado. No es la excepción para la gente que se va de Cuba buscando un futuro mejor, sea de libertades políticas o económicas. Pero a diferencia de otros grupos migrantes del continente, los cubanos sufren la privación de su condición de residentes cuando rebasan el tiempo impuesto por su gobierno o se marchan bajo el estatus de salida definitiva. Lo mismo sucede respecto a la confiscación de sus viviendas y bienes materiales, establecida para los del segundo grupo incluso antes de que se verifique su partida y que también se aplica a los que salen con permiso y deciden prolongar demasiado la estancia fuera del terruño.
El drama de Jorge no es único. Yusmari, otra cubana extraviada en la nación ecuatoriana, denunció recientemente de extorción y vejaciones recibidas por parte de agentes de policía del país andino. Estos cubanos, como miles diseminados por el mundo, no solo son víctimas de una situación descrita por un medio extranjero como “sobrevivencia a lomo de caballo”. Imagen justa de un galopar de escape a través de territorios extraños, lejos de la protección de las leyes migratorias vigentes en esos lugares, con el peligro de caer en las trampas que significan la corrupción policial y política, o por los azares del destino. Peor aún sin contar con protección ni reconocimiento por parte de su propio gobierno, que como si les pareciera poco también les extorsiona y les niega el derecho a regresar a la patria.
Irónicamente la nota publicada en Granma denunciando la actitud del Departamento del Tesoro estadounidense aplica a este el mote de Gran Hermano perseguidor de las libertades y derechos de sus ciudadanos. El sarcasmo de los críticos de la medida estadounidense se hace con una total falta de pudor, ignorando las reglamentaciones que ellos mismos ponen en práctica contra su propia población emigrante, a la que les vetan la entrada a su tierra, no para que participen en un festival de música, sino para que regresen al calor de los suyos en un momento crucial de su vida, tal vez definitivo, como ocurre en el caso de Jorge, citado en el escrito de Cino.
De ser serios los llamados a cambios, que algunos predicen se producirán tras la celebración del Congreso del Partido Comunista de Cuba que se efectúa en estos momentos, esta situación debiera ser una de las primeras a ser debe ser una de las situaciones que debe tenerse en cuenta para ser corregida radicalmente. Las críticas contra la manera de actuar de otros, las injusticias y los fallos en las leyes ajenas, solo adquieren sentido serio cuando se predica con el mejor ejemplo, eliminando los defectos propios.

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